Pasó una década desde entonces y Miguel Díaz-Canel -convertido el jueves en el sucesor de Raúl Castro en la presidencia de Cuba- parece otra persona: canoso, serio y de muy pocas palabras.
Díaz-Canel tiene una biografía oficial escueta en detalles personales y profesionales. Y aunque nadie sabe a ciencia cierta cómo se proyectará en su gobierno, en su primer discurso como mandatario prometió servir a los intereses del pueblo y continuar con el legado de la revolución socialista iniciada hace casi seis décadas por los hermanos Fidel y Raúl Castro.