A primera vista, parecía que David Sweat y Richard Matt estaban donde se suponía que debían estar: dormidos en sus celdas contiguas. Pero los bultos en sus literas eran solo sudaderas. El asesino condenado por matar un policía y el delincuente recluido por desmembrar a su jefe se habían escapado por agujeros en la pared de acero de la celda, cruzaron una pared de ladrillos y una tubería de ventilación y salieron por una alcantarilla en el exterior del muro de 12 metros (40 pies) del Centro Correccional Clinton.
"¡Tengan un buen día!", bromearon en una nota que dejaron a lo largo de su recorrido.
Sería la última vez que las autoridades tuviesen noticas de ellos en tres semanas, hasta que agentes encontraron y asesinaron a Matt en un bosque cerca de la frontera con Canadá el viernes, a casi 50 kilómetros (unas 30 millas) de la prisión, y capturaron a Sweat cerca de allí el domingo.