"Yo soy Charlie" fue el lema que recorrió el planeta a raíz del mortífero atentado contra la publicación satírica francesa Charlie Hebdo. El original en francés, "Je suis Charlie", se ha desplegado en carteles, en grafiti y fue compartido millones de veces en los medios sociales.
Sin embargo, pronto hubo una respuesta: "Je ne suis pas Charlie" —Yo no soy Charlie— cuando la tragedia provocó un debate sobre la libre expresión y sus límites y si siempre debe ejercerse el derecho a ofender a alguien.
Para muchos libertarios civiles, el tema es claro. Charlie Hebdo había publicado caricaturas groseras y de mal gusto que se burlaban de todos: el papa, los políticos y el profeta Mahoma. La revista considerada su misión impugnar tabúes y vacas sagradas. La mejor forma de rendir homenaje a los 12 masacrados y defender la libertad de expresión era imprimir de nuevo las caricaturas.