El reciente anuncio del régimen de Caracas decretando un “estado de conmoción” viene a convertir una crisis de facto en un decreto solemne del estado de miseria. En Venezuela perdimos el sentido de la perplejidad. No hemos tenido en nuestra historia un estado de conmoción continuo como el que representa la V-república. Más de cinco lustros de patria, socialismo y muerte, donde no se salvó ni su progenitor.
La conmoción que devora al Estado
Aprendimos a sentir rencor sin perdonar. Asumimos no sólo a sospechar del vecino, sino a delatarlo y expoliarlo
Lo que Maduro oficializa en papel no es más que la descripción burocrática de la realidad cotidiana de millones de ciudadanos que hace mucho dejaron de vivir normalmente, porque la normalidad es la conmoción. Veamos algunos capítulos inconfesables de nuestra realidad
La corrupción y la ineficiencia se llevaron por delante la luz y la vida. Más de 100.000 apagones al año han dejado a ciudades enteras sumidas en la penumbra. Desde el gran apagón nacional de marzo [2019], Venezuela vive con miedo a que cada noche sea la última con electricidad. El Gobierno lo llama “sabotaje”. La gente lo llama sobrevivir con velas. Desde 2010 prometieron que “ahora sí” habría luz. El resultado: ciudades enteras a oscuras y una industria reducida a linternas y antorchas. Es la conmoción de las cavernas.