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Venezuela

La transición como política de Estado II. La pedagogía del alma

La herramienta más poderosa para la paz duradera no es la fuerza, sino la capacidad de reconocer la humanidad compartida.

La transición venezolana debe inspirarse en la pedagogía del reencuentro. No se trata de absolver a los culpables ni de relativizar los crímenes, sino de reconstruir una nación emocionalmente viable. Hoy millones de venezolanos viven entre el rencor y la desesperanza, en el exilio, entre la nostalgia y la rabia. Al final no hay vencedores ni vencidos, sino toda una sociedad devastada que debe reconocerse como parte de una misma tragedia nacional.

La empatía no sólo se edifica con los victimarios excusables [más adelante volvemos con este concepto]. También con aquellos que habiendo sido cautivados como afectos, hoy necesitan ver en la alternativa de poder y de querer, actitudes nobles y amigables.

Y no lo es [amigable] encasillar a quienes apelan a la libertad a través de la humanización del adversario, como normalizadores.

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