Recientemente vi [conmovido] la declaración de una compatriota merecedora de nuestro más elevado respeto, protestando frente al magisterio. Se trataba de una trabajadora activa del Ministerio de Educación en Venezuela que reclamaba a voz batiente, “no me da la gana de morirme de hambre”.
No me da la gana morir de hambre...
Hoy más de 5 millones de pensionados en Venezuela y el mundo, empuñan su tricolor siete estrellas sobre la inmensidad de su dignidad, su orgullo eterno e inquebrantable integridad
Apoyando su gremio-a sus compañeros maestros y profesores-se la juega y responde: “No me importa que me hagan daño, igual nos persiguen, nos intimidan, nos maltratan y nos acosan, por eso estamos aquí, para defender y solidarizarnos con ellos [los maestros] y reclamar nuestros reales…porque si hoy no alcanzan para nada, menos servirán cuando nos jubilemos”.
Una declaración valiente y digna de una venezolana humilde y trabajadora, que prefiere según su decir, “morir de pie luchando que hacerlo rodilla en tierra…como dicen ellos”.
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