La Habana es ya un gemir de violines a San Pancracio y Shangó, con calles desiertas de carros y guaguas, la industria y los servicios cerrados o disminuidos a la mínima expresión, mientras cubanos de todas las orillas bucean en las redes en busca de un milagro que tarda, mientras la CIA y la Seguridad del Estado negocian la voladura controlada de la dictadura más vieja de Occidente.
OPINION: La Habana, como gemir de violines
Las imágenes que acompañan a esta crónica no dejan espacio a la duda; salvo a filósofos de barbería, que ven llegar sonámbulos barcos piratas cargados de petróleo, pero no ven a universitarios recibiendo clases por WhatssApp, siempre que tengan móviles; aunque ya les orientará la compañera Chapman que se junten en casas y portales de bodegas cerradas, quienes tengan celulares y los que no, para que compartan conocimientos vía Etecsa, que también ha mandado a sus empleados a casa.
El compañero que viaja en Lada por la desértica calle Reina fue tirado por la planta de la PNR, que está usando palomas mensajeras patrióticas, para ejecutar por Vía 500 ,ante la carencia de gasolina para coches patrullas y de piernas con ácido láctico para bicicletas blindadas, que son el medio de locomoción más revolucionario porque no tienen marcha atrás.