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Opinión

Opinión: Representación, nosotros el pueblo

El ideal de la unidad política no viene fundamentado en la fuerza sino en la identidad

Los pernos de la democracia representativa consisten en elecciones periódicas (elemento democrático), de la clase política “autorizada” a gobernar (elemento aristocrático). Dos elementos evolutivos que la historia ha tratado de unir y justificar, para validar el concepto de autoridad, legitimidad, obediencia, identidad y estado.

La crisis venezolana comporta una crisis profunda de representación. No en su componente esencialmente democrático y aristocrático [político], sino en su elemento identitario, humano, al decir de Lord Byron, “en la importancia que tantos le dan a su propia vida, perdiendo la oportunidad que nos sucedan-por no preocuparnos de los otros-cosas extraordinarias…”

Las verdades no basta escribirlas sino sentirlas. Y es con la elevada expresión del romanticismo como podemos entender el valor de la representación, noble y emotiva, pulverizada por la ambición, el odio y las aporías más contradictorias. Revoluciones de paz y de amor, patria y muerte, tan alejadas de la representación de nuestra cultura, de nuestra historia; de nuestra nacionalidad.

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