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Dios

Seguiré siendo tu papá...

Sus ojos me decían, por fin padre, estamos aquí, mi sueño de tu brazo, haciéndose realidad. Me doy aliento y una imagen viene a mi mente. Era papá llevando a mis hermanas al altar, con absoluta firmeza

Son las 5:45 am. Nos despierta una hermosa ilusión. Llevar a mi hija Valeria al altar. Me invaden sentimientos encontrados. La alegría de escoltar a la novia al sacramento de su alianza y la nostalgia de entender que Valeria, de chinita y niña-quien durmió con sus padres hasta casi su adolescencia-ahora compartirá manta y lecho con quien doy gracias a Dios, ha elegido su gran amor y compañero de vida..

Un ángel de esplendor y almendras

Valeria de mis hijos es la que trajo a casa una luz muy especial. No es una niña caprichosa. No lo son ninguno de mis hijos. El tema es que [la chinita] tiene el don de reírle a la vida y que la vida le sonría, porque es como una pequeña abeja estrujando miel. Lo hace con intensidad y felicidad a la vez. Si estás tarde o temprano, dispuesto o fatigado, si la complaces o no, Valeria lo acepta con dulzura. Su esencia es su ternura con una mirada que aviva su alma pura. Mi hermana le llama “rosa perfumada” por ir de puerta en puerta con su aroma de jazmín-suave, apacible y bailarina-adornando la vida. A todo le pone nombre. A sus muñecas, lápices o libros. Pero no cualquier apodo…Su ocurrencia es infinita. Su imaginación celestial y su prosa musical. Valeria siempre ganó los concursos de poesía y escritura de su colegio… Aquí quería llegar. Vale, no es la hija que se casa. Es mi principita que deja nuestro planeta, porque la espera otra hermosa madriguera.

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