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Venezuela

Venezuela: La exactitud de los cínicos

Ahí tienen el ejemplo de Barinas. Lo que pasa cuando el pueblo se une en ciudadanía, se eleva a la tiranía y hace caso omiso a los antisistemas y saboteadores de la unidad

Los impíos, la deslealtad de la oposición y los partidos antisistema

El español Miguel de Servet teólogo, metodista, protestante, defensor de la libertad de expresión y combatiente de la inquisición, lanza una sentencia de un valor universal vigente: “Propio de la condición humana es la enfermedad de creer a los demás impostores e impíos, no a nosotros mismos, porque nadie reconoce sus propios errores...” De esta enfermedad de creer más lo que dicen otros, sufren con mayor sensibilidad, aquellos que perdieron la confianza en su identidad. Es normal que el criticismo y la diatriba ganen la batalla contra la fe, porque creer, inmensamente intimo con mi yo consciente, es más vulnerable ante el sufrimiento y la desesperanza que la razón. Más fácil resulta escuchar al “cínico”, al que se justifica a sí mismo, descalificando todo lo que le rodea. Opera entonces una mutación de “credibilidades” donde visibles falacias logran cobijo.

De esto tenemos una larga lista de quebrantadores de fe y confianza, montados en silogismos bárbaras de apariencia exacta, que destruyen la movilización grupal y el reconocimiento noble. Los manuales de ciencias políticas-nos recuerda Cebrián-explican que hay dos causas para la inestabilidad de la democracia: la deslealtad de la oposición y la incorporación al poder de los partidos antisistema.

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