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Venezuela

Venezuela: Redención como política de Estado. El perdón difícil [I]

Defendemos que la reparación no es individual sino colectiva. La equidad supone comprensión grupal, identitaria, cultural, comunitaria, donde lo moral es la base de la institucionalidad del estado-nación, no es personal, ni reservada, ni divina

La transición venezolana sí ha de ser verdadera y duradera, no puede reducirse a un cambio de gobierno, a la restauración formal del Estado de Derecho o a la aplicación selectiva-represiva de la justicia. Debe ser una empresa moral y espiritual, una redención política y social que permita a una nación fracturada, reencontrarse consigo misma. Como lo anticipó Nelson Mandela: “no hay futuro sin perdón”.

Ha surgido una suerte de división o mejor dicho, una [innecesaria e inconveniente] polémica desde las filas de la oposición, donde algunos-con una suerte de ascendencia moralizadora-tildan a otros de normalizadores por hacer un llamado a la redención política. Un señalamiento que nos invita a reflexionar sobre lo peligroso que significa-a estas alturas del partido-no saber distinguir entre causas y consecuencias [Dixit Hannah Arendt]. Las terribles causas de lo sufrido [indiferencia, galbana, populismo] no nos pueden conducir a una reedición de consecuencias irresolutas e irreconciliables [odio, división, desculturización]

Sólo una profunda concientización sobre la paz y el perdón nos puede llevar a un justo medio del concepto de justicia. Y quiénes hagan este legítimo ejercicio redentor, no merecen ser encasillados como revisionistas o normalizadores. El presente ensayo quizás induzca al mismo señalamiento. Pero lo hago libre de prejuicios y de reproches por lo que lo hago libre de temores. La lección aprendida después de décadas de violencia, es evitar lo que nos condujo a esta era de oscuridad. Y la luz no es otra cosa que el amor por encima del odio [Martin Luther King].

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