Salud 25 marzo 2021

Defensa a la dignidad humana en el debate en contra de las "terapias de conversión"

Mientras por un lado se señaló que es "muy amplia" la definición de estas prácticas, expertos plantearon que el Proyecto 184 en realidad se quedaría corto al no alcanzar espacios no regulados por organizaciones profesionales de la salud mental y trabajo social

El debate en torno a la prohibición de las llamadas terapias de conversión practicadas a menores de edad se tornó este miércoles en un enfrentamiento entre el sector salubrista y profesional que reconoce la violencia de este acto en cualquiera de sus modalidades contra la dignidad humana versus el sector religioso que, desde un punto de vista ideológico, defendió su derecho a practicarlas.

Para la senadora por Proyecto Dignidad, Joanne Rodríguez Veve, solo algunas de las modalidades de terapias de conversión para cambiar la homosexualidad o identidad de género de una persona atentarían contra la dignidad humana y deberían ser prohibidas. “A mi juicio, no están definidas de forma puntual”, planteó la legisladora durante el primer día de vistas públicas del Proyecto del Senado 184 para prohibir estas “terapias”.

Los detractores de la pieza legislativa se basaron principalmente en que la medida define la práctica de forma “muy amplia” y abarcadora, pese a que expresamente la prohibición se refiere a la práctica de profesionales de la salud mental licenciados.

Rodríguez Veve dedicó sus turnos, en la vista pública, a defender esta práctica, a pesar de que las principales organizaciones profesionales de la psicología, psiquiatría y trabajo social en Estados Unidos y Puerto Rico han reiterado y evidenciado el efecto dañino de estas “terapias”. La Organización de las Naciones Unidas también reconoce que, en cualquier caso, esta práctica es inherentemente inhumana, cruel y degradante por su afán de arreglar algo que no está dañado.

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“Lo que sí habría que hacer para ser coherentes es ser puntual en la definición de lo que se busca prohibir, para poder prohibir aquellas técnicas o aquellas prácticas que, en efecto, sean contrarias a la dignidad de la persona”, planteó la legisladora de Proyecto Dignidad.

El senador Rafael Bernabe, del Movimiento Victoria Ciudadana (MVC), respondió al intento de Rodríguez Veve de establecer terapias de conversión dignas versus las que a su entender sí serían indignas.

“Mi parecer es que el concepto mismo de terapia de conversión, independientemente de las estrategias específicas que se estén utilizando, ya es objetable porque parte de la premisa de que aquí hay un problema, de que aquí hay una enfermedad, de que aquí hay una desviación que tenemos que corregir y ese concepto ya le inculca a la persona que tiene un problema, que tiene una deficiencia que tenemos que corregir”, apuntó el senador.

Rodríguez Veve no objetó una definición de terapias de conversión que presentó como opción el pastor de las Iglesias Bautistas del Sur René Pereira Morales, que consiste en prohibir la práctica solo cuando “en contra de la voluntad del paciente”, se le somete, por ejemplo, a malestar físico a través de un tratamiento aversivo que cause náuseas, vómitos u otras sensaciones físicas desagradables o proporcione una descarga eléctrica u otra terapia eléctrica, incluida la electroconvulsiva o la estimulación magnética transcraneal.

Pero la vicepresidenta del Colegio de Profesionales del Trabajo Social, Lydael Vega, recordó -en su ponencia ante la Comisión de Iniciativas Comunitarias, Salud Mental y Adicción-, que la apariencia no violenta de modalidades de terapias de conversión es tan degradante como el resto.

Play VideoTerapias de conversión: “Todos aquí nos hemos criado en una comunidad homofóbica”El psiquiatra José Franceschini y trabajadores sociales explicaron por qué rechazan esta práctica dañina, como parte de las vistas públicas del proyecto del Senado 184 que busca prohibirla en Puerto Rico.

“No necesariamente en el acercamiento profesional hay un aspecto violento, el acercamiento puede ser muy sutil, afable, puede ser muy amable, lo violento en sí es lo que viene detrás de ese acercamiento profesional”, subrayó Vega.

Contrario a las posturas de los que denunciaron una versión “muy amplia” de las prohibiciones del Proyecto 184, la trabajadora social argumentó, basada en estudios que citó y en su práctica profesional, que la prohibición en Puerto Rico, tal como se propone, en realidad se quedaría corta, pues no alcanza todos los espacios de potencial práctica de terapias de conversión.

“Hay prácticas profesionales que no están siendo reguladas. Por ejemplo, la consejería espiritual no es regulada por ninguna Junta Examinadora ni ningún colegio (profesional). En ese sentido, dejaría esa puerta abierta para esas personas que practican ese tipo de quehacer puedan continuar con este tipo de práctica”, planteó. En ese sentido, propuso a la Comisión que se investigue a fondo ese aspecto con la posibilidad de ampliar la cobertura de maltrato institucional.

“Es un tipo de quehacer profesional que no se regula por ninguna Junta Examinadora. Dentro de esos espacios, que pueden ser iglesias, seminarios, escuelas bíblicas, se pueden dar estos elementos de consejería espiritual que incluyan lo que sería una terapia reparativa y no necesariamente la está llevando a cabo un profesional licenciado, colegiado o dentro de alguna de las profesionales que están siendo reglamentadas y que pueden ser atendidas dentro de los códigos de ética”, expuso.

Pero, para el pastor Pereira, si la terapia de conversión está anclada en la fe cristiana, no atenta contra la dignidad del ser humano. “Cuando uno parte de la base de lo que nos enseña la palabra de Dios, claramente nos muestra mandamientos bíblicos con respecto a las conductas sexuales”, dijo Pereira.

“Si hay algo que trabajamos constantemente en nuestras iglesias es los cambios de conducta y de comportamiento para alinearlos con lo que Dios nos ha mostrado que es una vida recta ante sus ojos, es un asunto de fe, y un asunto de fe que lo creen montones de profesionales también de la salud mental”, expuso.

Contrario a ese argumento, el doctor José Francesschini Carlo, decano del Departamento de Psiquiatría de la Universidad Central del Caribe, subrayó que “no puede haber tratamiento para algo que no se considera enfermedad”. El psiquiatra expuso que en su práctica clínica ha recibido padres que acuden en busca de terapias de conversión para sus hijos.

“Son los padres los que verdaderamente se deberían someter ellos mismos a un proceso terapéutico para que puedan aceptar la orientación (sexual) que el hijo tenga y que no afecte aún más las relaciones interpersonales de amor”, expresó.

Fuente: elnuevodia.com

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