Mi madre me contestó de una vez y sin dudarlo: el amor. Una respuesta compartida por gran parte de sus contemporáneas, pero ¿qué contestarían las nuevas generaciones de mujeres? Salí a la calle a preguntar, ejerciendo mi labor de reportera, y he aquí algunas de las respuestas: "Yo de una pruebo el sexo, si me gusta sigo con él, de lo contrario, descartado" (25 años). "Imposible enamorarme de alguien que la tenga pequeña" (31 años). "Ambos son importantes pero para sentir algo por un hombre necesito tener química sexual" (38 años). "¿Cómo voy a enamorarme de alguien que no conozco en la intimidad? ¿Y si luego es un maniático sexual?" (27 años). Otra me respondió: "El amor" y cuando le pregunté ¿Podrías entonces enamorarte de alguien que no es bueno en la cama?, su respuesta cambió a "nooooo, por supuesto que no" (41 años).
Está claro que las cosas han cambiado mucho en los últimos años, atrás quedaron esos parámetros de las épocas de nuestras madres o abuelas, cuando el sexo era un tabú, relegado a último lugar (por lo menos de cara a la sociedad) con imposición incluso de esperar al matrimonio. Por supuesto que muchos exploraban a escondidas, pero quienes seguían las regulaciones morales del momento se iniciaban en la cama después de un "sí quiero" y de ahí, lo que tenían (bueno, malo, regular, grande o pequeño) se quedaban, sin posibilidad de devolución.
Una de mis entrevistadas (58 años) me contó que en su Perú natal quedó embarazada la primera vez que tuvo sexo con su novio de toda la vida y le hicieron pasar por la vicaría. Después descubrió que a su ya marido no le gustaba tener sexo (sólo una vez al mes) así que con los años acabó separándose. Curiosamente me comentó que en su segundo matrimonio fue todo lo contrario, sexo loco, habitual y desenfrenado pero la relación, más allá de esto, era un desastre, así que también acabó en fracaso.