Puerto Rico 09 julio 2020

Temor por los estudiantes más vulnerables de cara al regreso a clases

Los niños de Educación Especial podrían ser de los primeros en regresar a las escuelas si estas reabren en agosto, de acuerdo con un plan de contigencia de la agencia

Tocan todo. Necesitan asistencia, de cerca, de otra persona. No siempre pueden seguir instrucciones y nada garantiza que toleren una mascarilla que cubra su nariz y boca durante todo un día escolar.

La falta de planes concretos para el inicio de clases en agosto se ha convertido, más que en un inconveniente, en una fuente de constante ansiedad para padres de estudiantes con impedimentos moderados a severos y condiciones de salud, que pudieran estar en más riesgo de sufrir complicaciones si se contagian con el coronavirus que causa el COVID-19.

“De verdad que me da terror, no me veo llevando a mi nene en agosto a la escuela”, expresó Keila Pérez Lugo, madre de un niño no verbal de 11 años diagnosticado con autismo.

El pasado año escolar, unos 105,000 de los 294,535 estudiantes matriculados en las escuelas públicas eran del Programa de Educación Especial. De ese número, el 80% está en la corriente regular. En 2018-2019, 11,872 estudiantes estaban ubicados en salones de Educación Especial a tiempo completo, ya sea por la atención que requieren sus diagnósticos o porque necesitan un ambiente más controlado para avanzar académicamente.

Los salones a tiempo completo de Educación Especial no tienen más de 12 estudiantes. Estas cantidades reducidas, en teoría, permiten que estos grupos cumplan con el distanciamiento necesario para controlar los contagios con coronavirus.

Ante esa situación, el plan de contingencia y protección para los empleados de las escuelas, las instituciones postsecundarias y los estudiantes del Departamento de Educación ante el COVID-19 describe varios escenarios posibles sobre cómo pudieran regresar los estudiantes a las escuelas, ya sea para estudiar a tiempo completo o en horarios alternos. En varios de los escenarios, los estudiantes de Educación Especial en salones a tiempo completo y los niños de prekínder y kínder serían de los primeros en regresar a los planteles.

“Me molesta y me crea una ansiedad bien grande ver que estos nenes son los que van a usar para experimentar”, denunció Pérez Lugo.

Pero ¿qué medidas se tomarán para cuidar a los estudiantes, los maestros y los asistentes de servicios educativos que trabajan con ellos? ¿Cómo se mantendrá a los niños alejados uno del otro? Si las clases se ofrecerán a distancia, ¿qué métodos se usarán para atender sus rezagos?

Los planes de la agencia no son claros. El secretario asociado de Educación Especial, Eliezer Ramos Parés, no estuvo disponible para entrevista.

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La vicepresidenta del Sindicato Puertorriqueño de Trabajadores y Trabajadoras (SPT), Karen de León, sostuvo que durante una reunión en junio, el secretario de Educación, Eligio Hernández Pérez, indicó que establecería un plan para la comunidad de Educación Especial. La información recibida apunta hacia la modalidad de clases presenciales, adelantó De León.

“El Departamento no ha ofrecido un plan para ese tipo de servicio a los niños de Educación Especial”, reconoció la líder sindical.

Si se toman como ejemplos las situaciones que enfrentó esta población de marzo a mayo, cuando se cancelaron las clases presenciales en el sistema escolar público, el panorama no es alentador.

Sin todos los equipos necesarios, sin materiales, sin asistentes de servicios educativos y con aprehensión ante el uso de estilos distintos, la transición hacia la educación a distancia dejó desprovistos de múltiples servicios a la población de estudiantes de Educación Especial y golpeó con particular dureza a los menores con diagnósticos más severos y aquellos que resienten cuando sus rutinas se interrumpen.

La incertidumbre de las primeras semanas del toque de queda decretado por la gobernadora Wanda Vázquez Garced para controlar los contagios con el coronavirus dificultaron diseñar estrategias a largo plazo, señaló la maestra de Educación Especial Ámbar Rivera Medina, de la escuela Francisco López Cruz en Naranjito. Dos semanas fuera de la escuela se convirtieron en cuatro, luego en seis, luego dos meses que casi presagiaron que el regreso a las aulas no se materializaría.

“Emocionalmente, para los papás, fue bien desgastante. Como maestra, tengo muchos recursos, pero la mayoría de mis niños no los tienen y los papás tampoco”, expresó Rivera Medina, maestra de salón de autismo a tiempo completo con estudiantes kínder a tercer grado.

Piden tomar decisiones

Las leyes federales y estatales que rigen la educación que reciben los estudiantes de Educación Especial establecen que los alumnos deben recibir el mismo contenido curricular que sus compañeros en el mismo grado, de acuerdo con su edad cronológica, ajustado a su nivel de ejecución, destacó Rivera Medina.

Pero los materiales educativos recomendados por el Departamento de Educación no tomaron en cuenta a estos alumnos, recalcó el maestro Bryan Rivera, maestro de ciencias de Educación Especial de sexto a octavo grado y de salón de vida independiente de la escuela Mercedes Rosado en Naranjito. Por ejemplo, los módulos disponibles en la página de internet de la agencia fueron creados como repaso para las pruebas estandarizadas META. Los alumnos de salones a tiempo completo de Educación Especial no toman estas pruebas.

El éxito de estos materiales dependía, en gran parte, del trabajo que hicieran los padres o encargados con los menores, señaló María López Bidot, maestra de Educación Especial de la escuela Amalia López de Ávila en Camuy.

“Los padres no están preparados para trabajar académicamente con estos niños, imagínate los niños autistas, por ejemplo. El reto no solamente es trabajar con los niños, sino que hay que trabajar con los padres, cómo enseñarles a poder trabajar con los niños”, sostuvo López Bidot, que este pasado año atendió a preescolares.

Actualmente, maestros del Departamento de Educación trabajan en actualizar estos módulos y ampliar el inventario, de modo que estén disponibles para más materias. No obstante, no se ha precisado si estos atenderán la Educación Especial.

El hijo de María del Mar Ortiz, Keyvan Santiago, de 12 años, estaría en séptimo grado y los módulos que recibió su mamá contenían destrezas de ese nivel. El trabajo no estaba ajustado a su nivel de ejecución, pues su maestra de Educación Especial recibió instrucciones de que no podía hacerlo, narró Ortiz.

En vez de exponer a Keyvan a la frustrante tarea de hacer trabajos que no entiende y que es casi imposible que complete, Ortiz optó por hacerlos ella y enviarlos a la maestra para evitar que su hijo se perjudicara. Su mayor miedo, explicó, era que sufriera una interrupción en sus terapias si no cumplía con el trabajo académico.

“Él no hizo nada él”, reconoció Ortiz. “Le enviaron los módulos de séptimo grado de corriente normal. La maestra hizo unos ajustes pero muy pocos. Él no te entiende lo que le estás diciendo, menos va a poder decir cuánto es 45 menos 34”, relató la madre aguadeña.

Pérez Lugo solicitó que los padres puedan tener la opción de escoger la modalidad en la que estudiarán sus hijos: presencial o a distancia. “En mi caso, que me lo dejen aquí (en casa). Yo me encargo, seguimos todas las instrucciones de las maestras, estoy en consulta con ellas todo el tiempo. Pero aquí puedo cuidarlo”, expresó Pérez Lugo.

Si es obligatorio regresar a las escuelas, lo principal para las madres consultadas es tener seguridad sobre las medidas que se tomarán para evitar contagios.

“Me preocupa también que se tome en cuenta a los nenes con problemas de salud crónicos. Yo tengo niños que no podrán regresar a la escuela mientras esté esta amenaza, ellos tienen problemas pulmonares crónicos, están bien comprometidos y exponerlos a esto no será la mejor opción. De eso contemplarse, entiendo que es posible una educación mixta con unos estudiantes en el salón y otros desde sus casas”, reconoció, por su parte, Rivera Medina, la maestra de Naranjito.

Temen perder otros servicios

Como profesional de la salud que trabaja a diario con medicamentos para terapia respiratoria, Leishla Díaz conoce el riesgo que corren grupos vulnerables a posibles contagios con el COVID-19. “Estoy pensando, en serio, en el ‘homeschooling’ (educación en casa). Pero no sé qué signifique eso para las terapias. Si eso implica que se quedará sin terapias, pues no será una opción, pero me preocupa mucho”, sostuvo Díaz. Su hija Kimberly, de 17 años y quien comenzará en agosto el duódecimo grado en la escuela Berwind Superior, en San Juan, toma cuatro tipos de terapias hasta tres veces a la semana.

Pero incumplir con el programa académico en la escuela podría implicar que los menores perdieran acceso a evaluaciones y terapias, que se conocen oficialmente como “servicios relacionados” porque complementan los servicios académicos que ofrece Educación, señaló Pérez Lugo.

A causa de su desorden sensorial, el hijo de Pérez Lugo -a quien solicitó no identificar- no tolera una mascarilla. Ya lo intentó cuando lo llevó al laboratorio a hacerse unos análisis de sangre.

“¿Cómo lo cuido? ¿Cómo sé que no vendrá una persona asintomática y lo contagie? Ellos dicen que van a garantizar que los materiales de limpieza estén en las escuelas. Eso no es verdad, si todos los años, todos los semestres, soy yo quien llevo los productos para que todo esté limpio”, expresó Pérez Lugo. “Las escuelas siempre son focos de infección. Si no pueden manejar el flu (influenza), el micoplasma, la enfermedad de manos, pies y boca, ¿cómo van a poder con el coronavirus?”, añadió.

Asimismo, Ortiz cuestionó el acceso que tendrán los alumnos más rezagados al equipo electrónico que la agencia adquirió y repartirá a los estudiantes.

“Yo espero que los nenes de Educación Especial no se queden para lo último”, sostuvo Ortiz.

No todas las familias cuentan con equipos tecnológicos o acceso a internet en sus casas. Datos de la Encuesta de la Comunidad de la Oficina del Censo de Estados Unidos, por ejemplo, detallan que un 28% de las familias no tienen computadoras, mientras que 433,525 familias carecen de suscripción de internet. Además, en algunos casos, los equipos de asistencia tecnológica que utilizan los alumnos con diversidad funcional –como serían monitores para letra agrandada, sillas de posiciones o escritorios para sillas de ruedas– se quedaron en las escuelas cerradas.

Play Video¿Escuela bajo COVID-19? Lo que dijo EducaciónEl secretario de la agencia, Eligio Hernández Pérez, explica su deseo para el nuevo año académico en plena pandemia

Carmen Feliciano tiene dos hijas que forman parte del programa de Educación Especial. Con los acomodos razonables que reciben en la escuela, las niñas tienen un alto aprovechamiento académico, lo que se conoce como doble excepcionalidad. Pero a distancia, la experiencia de intentar aprender no fue la misma.

Feliciano destacó que la menor de sus hijas, Lyanne Santiago, de 11 años, tiene acomodos razonables “que no eran compatibles con el internet”. Los módulos que recomendaba Educación y que su escuela adoptó no funcionaron para ella.

“Sus necesidades no van a la par con este tipo de forma de dar clases. Si dieran la clase en internet, un vídeo, que la maestra estuviera ahí explicando o que fuera interactivo, que expliquen si alguien tiene dudas. Eso funcionaría. Se le ponían los audífonos y se enfocaba”, dijo Feliciano.

La sala del apartamento que ocupan temporeramente en el residencial Santa Catalina en Yauco (su apartamento original lo perdieron en el terremoto y solo pudieron salvar el piano eléctrico de Lyanne) parece una biblioteca, con múltiples estantes construidos por ellos mismos con enciclopedias y libros de arte, idiomas y ciencias naturales. Feliciano, exagente de la Policía, tiene dos maestrías. En tiempos normales, dice la mujer, “no salimos de los museos”.

Guiar a su hija a través de los pasados meses de educación a distancia fue una experiencia complicada y desafiante, que la obligó a hacer acopio tanto de todos sus talentos como de su paciencia. “Tuve que ser su maestra, explicarle las cosas, decirle cómo eso se hacía, estar pendiente a ella todo el tiempo, estar detrás de ella para que hiciera las cosas. Tiene unas necesidades que son únicas. Ella no trabaja de la misma manera que trabajan otros niños. Es difícil y es frustrante”, expresó.

El avance de muchos estudiantes de Educación Especial en el salón depende del apoyo que reciben de sus asistentes de servicios educativos, mejor conocidos como T1. El pasado semestre, tras la cancelación de clases presenciales en marzo, Educación no utilizó los servicios de unas 3,500 T1 que están bajo contrato.

“Por más que el padre pueda tener, por ejemplo, una buena computadora, un buen sistema de internet y acceder a los servicios de educación en línea, si no está ese asistente, eso no le sirve de mucho”, sostuvo De León, la líder sindical.

Aunque estas 3,500 asistentes no son parte de la matrícula oficial del SPT, la unión ha abogado por la permanencia de estos empleados desde el año 2011, indicó De León. En su mensaje de presupuesto el 18 de junio, la gobernadora anunció que se les otorgarían plazas regulares a 400 T1. Pero desde entonces, nada más se ha sabido. Tampoco se sabe con certeza si las asistentes que no reciban la permanencia serán contratadas nuevamente.

“Suponemos que sí, porque realmente la necesidad es evidente”, manifestó la vicepresidenta del SPT.

Wilma Maldonado Arrigoitía, Benjamín Torres Gotay y Laura M. Quintero colaboraron en esta nota.

Fuente: elnuevodia.com

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