Perduran en nuestra vida diaria los célebres apagones, hoy día con un pelaje distinto: el de las reparaciones.
Cuando se vaya la luz, mi negra...
El régimen justifica los apagones con "reparaciones" y exporta los barriles de petróleo ahorrados. Siempre ocurren en barrios donde no hay hoteles ni residencias de la nomenclatura.
Los apagones, pese a la importancia que le concedía Lenin a la electrificación, siempre han acompañado al socialismo, donde quiera que brote este. Ahora el gobierno de la Isla nos los vende como un mal necesario y para nuestro beneficio.
En la Cuba castrista los apagones existen, de forma sistemática, desde finales de 1969, cuando a Fidel Castro se le ocurrió uno de sus mayores disparates: hacer en 1970 una zafra gigante, de 10 millones de toneladas de azúcar, lo que según afirmaba, salvaría la economía, nos sacaría del subdesarrollo y resolvería todas nuestras preocupaciones.