LA HABANA, Cuba.- El martes, 8 de noviembre de 2016, cuando los electores estadounidenses acudan a las urnas para decidir quién gobernará en su país durante el siguiente cuatrienio, estarán marcando también en sus boletas, sin proponérselo, el rumbo de la política doméstica de la muy “soberana e independiente” Isla de Cuba, y en buena medida los destinos de millones de cubanos.
Cubanos en la isla también tienen sus candidatos presidenciales en Estados Unidos
Enemigo entrañable del castrismo, meta soñada de la indetenible marea de migrantes isleños, obstinada esperanza de los que aspiran a cambios profundos dentro de Cuba, Estados Unidos ha sido una presencia permanente en el imaginario colectivo cubano, proyectando sobre éste un controversial efecto de luz y sombra, premio y castigo, realidad y quimera.
Tan importante es el pulso del poderoso vecino del Norte para la dictadura castrista y para todos los cubanos aquende y allende la Isla, que sigue pautando hasta hoy las piruetas de la cúpula verde olivo y las expectativas de los (des)gobernados. De hecho, los poderes políticos de EE.UU. controlan algunos de los pilares esenciales que sustentan la política cubana, a saber, el Embargo (“criminal bloqueo”), las Leyes Helms-Burton y Torricelli, las de Ajuste cubano y ‘pies secos, pies mojados’, y la “ocupación ilegal” de la Base Naval de Guantánamo.