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Cuba

El escándalo de las funerarias en Cuba

Si la vida es un calvario, a la muerte no le va mucho mejor.
LA HABANA, Cuba. -El irrespeto por los restos humanos en los cementerios cubanos es un fenómeno tan habitual que ya pocos se escandalizan al escuchar noticias sobre el tema, casi siempre divulgadas de boca, en boca porque los medios de prensa oficiales, como sucede con un sinnúmero de temas, o tienen prohibido informar sobre tales cuestiones o, simplemente, no las consideran algo relevante.

Sin embargo, en Cuba, el abandono de los cementerios es un problema menor si tenemos en cuenta que todo el proceso de la muerte se convierte en una verdadera tragedia que no comienza con las profanaciones de las tumbas sino desde mucho antes del fallecimiento. Desde la incapacidad de las instituciones de salud para garantizar una muerte digna a los enfermos terminales, debido a las pésimas condiciones y la falta de personal que exhiben, hasta la irrespetuosa manipulación de los cadáveres en la mayoría de las morgues y funerarias del país, todo contribuye a empeorar la situación.

Desde el momento de la defunción hasta el enterramiento o cremación, se sucede una cadena de desatenciones que transforman el normal proceso de duelo de cualquier familia en un verdadero infierno. La manera de transportar los cadáveres, el descuido al amortajarlos, la chapucería en las ofrendas florales y en las decoraciones de las salas de velatorios, la pésima confección de los ataúdes, la suciedad del entorno, son algunas de las causas de que los cubanos de a pie sientan como un verdadero suplicio ese instante de darle el último adiós a un familiar o amigo.

A la entrada de una funeraria de Centro Habana, un trabajador de comunales, Eladio Flores, nos comenta sobre las condiciones en que llegan los restos humanos al lugar y del mal momento que viven los familiares al recibirlos en tan pésimas condiciones:

"Vienen de la morgue con las manos y las piernas amarradas con mangueras de esas que usan para poner los sueros, amarrados como si fueran puercos. Todos vienen mal cosidos y llenos de sangre y restos de la autopsia y con algodones sucios saliendo por la boca. Es horrible lo que uno tiene que ver todos los días. [...] Aquí hay una señora a la que la gente le paga para que limpie los cadáveres pero ella es la misma que limpia el piso y eso ella lo hace por su cuenta, para ganarse un dinero extra. En realidad son los familiares quienes deben encargarse de limpiar y vestir al muerto. Aquí no hay condiciones para hacer bien las cosas. A veces hay que salir a buscar el agua en pepinos [botellas de refresco] y entonces con los mismos trapos viejos se limpian más o menos pero solo lo que es la cara y los brazos porque el resto del cuerpo se queda siempre lleno de sangre. La ropa tapa todo eso. Y allá atrás no hay luz para ver lo que se hace. Yo le digo a los familiares que no entren para que no vean cómo vienen los muertos pero alguien siempre tiene que ayudar a vestirlos. Esa mujer [la que limpia] no puede ella sola con todo".

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