Han pasado más de dos semanas desde que la Casa Blanca anunció que canjearía tres agentes de inteligencia cubanos encarcelados –entre ellos uno hallado culpable de conspiración para asesinar– por un superespía preso en una cárcel de La Habana a quien el presidente Barack Obama llamó "uno de los más importantes agentes de inteligencia que Estados Unidos ha tenido jamás en Cuba".
El espionaje de EEUU en Cuba: un laberinto de intrigas y sospechas
Sin embargo, desde el jubiloso anuncio del Presidente, solo ha habido silencio. No se ha dicho nada más del espía ni de los logros que alcanzó. Todos los que fueron liberados de la prisión como parte del acuerdo entre Washington y La Habana –los tres espías cubanos y el subcontratista de la Agencia de Desarrollo Internacional Alan Gross– han aparecido en televisión para hablar de forma exultante sobre su liberación.
Sin embargo, el extraordinario espía de Washington ha permanecido anónimo e incomunicado. El único hombre que parece encajar con el puñado de datos que dio la Casa Blanca acerca de la identidad del espía –Rolando Sarraff, ex teniente del Ministerio del Interior de Cuba, encarcelado desde su arresto en 1995– desapareció de la prisión habanera donde estaba, y sus familiares no han escuchado nada de él ni se les ha dicho cuál es su paradero.