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Cuba

Hasta hoy, no sé quién me delató: Juan Manuel Cao

La casa estaba rodeada de policías listos para entrar, pero Juan Manuel no lo sabía. Todo lucía tranquilo en La Habana esa mañana, un domingo de enero de 1982. Tocaron a la puerta violentamente. El muchacho abrió y un oficial vestido de civil lo encañonó con una pistola. Le mostró un carné, una orden de registro, y entró de modo intempestivo. Lo acompañaban otros agentes y un fotógrafo.

La incursión duró horas, hasta que finalmente encontraron el guion de una película. Apenas lo ojearon, pero era una “prueba” suficiente para detenerlo. Lo esposaron, lo metieron en una patrulla y sin dar muchas explicaciones se lo llevaron. Caía la noche y no había nadie en la calle.

Ese día cambió para siempre la vida de Juan Manuel Cao. El carro lo condujo a Villa Marista, la sede de la Seguridad del Estado, donde fue sometido a tortuosos interrogatorios. Poco después, lo recluyeron en la sala Juan Pedro Carbó Serviá, del Hospital Psiquiátrico de La Habana. Esa sala, también la Castellanos, eran manejadas por la policía política para intimidar y quebrar a disidentes.

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