En una carpintería en Bejucal, municipio de la provincia Mayabeque, al sur de La Habana, los sarcófagos se amontonan en un cuarto sin ventanas, rodeados de aserrín y rollos de telas negra y blanca, a la espera de que la empresa de servicios funerarios pase a recogerlos.
La muerte en Cuba también puede ser un negocio
Ahora con las tímidas reformas económicas del general Raúl Castro hasta la muerte se puede negociar.
"Son de pésima calidad. La peor madera. Al igual que la tela para recubrir los ataúdes y los enchapes. Cuando se cargan las cajas vacías, tienes que moverlas con cuidado, porque la madera se agrieta con cualquier golpe. Como hay déficit de cristales, le ponemos un pedazo de acrílico en la cabecera", comenta un obrero.
Los servicios funerarios en Cuba son administrados por el Estado. Según Caridad, ama de casa, los problemas van más allá de no poder elegir un sarcófago de calidad.