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Nuevas dinámicas para los disidentes en Cuba

Nuevo editorial del New York Times
Las palabras fueron escritas en grafiti en la calle donde vivía el disidente cubano Oswaldo Payá, unos pocos años antes de su misteriosa muerte en 2012. "En una plaza sitiada, la disidencia es traición".

A lo largo de décadas, el autoritario Gobierno cubano ha usado ese conveniente argumento para ejercer un fuerte control sobre la vida de sus ciudadanos e impedir que los movimientos de oposición lleguen a representar una amenaza para el Estado. El mensaje era perfectamente claro: mientras Estados Unidos insistiera en derrocar a los líderes de la isla y entrometerse en los asuntos internos del país, los cubanos, por cuestión de soberanía nacional, tendrían que permanecer unidos. La era que comenzó este mes cuando el Presidente Obama y el Presidente de Cuba, Raúl Castro, anunciaron el fin de más de medio siglo de enemistad entre sus gobiernos, es un momento clave para quienes forman parte del diverso y valiente movimiento de oposición en Cuba.

Bajo el mando del Partido Comunista, los cubanos han sido sometidos a la austeridad, producto de una anímica economía centralmente planificada. Su acceso al Internet es severamente limitado y censurado. La prensa oficial de la isla está completamente subyugada a los intereses del Estado. Fuera de los rígidos mecanismos del Partido Comunista, los cubanos tienen pocas vías para enfrentar a sus líderes.

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