En una isla donde emigrar al norte es una obsesión, el amplio júbilo de la semana pasada sobre histórica distensión entre Estados Unidos y Cuba ha quedado marcado por el temor a que la reanudación de relaciones ponga fin a final de cuentas a la vía rápida con que cuentan los cubanos para recibir la residencia en Estados Unidos.
Durante casi medio siglo, la Ley de Ajuste Cubano ha dado a los cubanos que llegan a Estados Unidos una vía virtualmente garantizada a la residencia legal y posteriormente a la naturalización. El hecho de saber que están protegidos de la deportación ha llevado a cientos de miles de cubanos a peligrosos viajes en balsa a la Florida y largos viajes por tierra por Centroamérica y México.
"La verdad es que si no me dan la visa en la SINA (Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba) tengo pensado irme de cualquier forma, y claro si quitaran la ley de ajuste eso significaría que los cubanos quedarían como los demás hispanos que quieren entrar a Estados Unidos, se acabarían las facilidades para los que quieren pedir asilo y eso sería una dificultad para comenzar allá", dijo Luis, trabajador de la construcción de 36 años, quien agregó que pudiera tratar de viajar a México y cruzar la frontera con Estados Unidos si no consigue pronto una visa.