Sucedió un sábado. Era el 24 de febrero de 1996 y tenía el día libre, pero en cuanto me enteré fui directo al aeropuerto de Opa Locka. Llegué y ya el colega Ángel Zayón estaba reportando, de modo que me tocó buscar otro ángulo de la noticia.
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Tras los pasos del falso sobreviviente de la tragedia de Hermanos al Rescate
Recorrí el hangar con el corazón sobrecogido, viendo llorar a hombres hechos y derechos, y a los familiares de las víctimas desorientados, incrédulos, mirando constantemente al cielo con la esperanza de que todo fuera un equívoco, aguardando por unas avionetas que nunca regresaron. Esa fue una noche difícil para ellos. La primera de muchas. Yo tampoco dormí bien en esos días, y me puse a monitorear la radio de la isla. Fue así que escuché aquella extraña versión de los hechos.
Ricardo Alarcón, ex embajador de Cuba ante la ONU, y en ese instante presidente de La Asamblea Nacional, aseguró que se había producido un accidente y que tenían en su poder a un sobreviviente, más un maletín con pruebas inculpatorias. Como Alarcón no mencionó nombre, me di a la tarea de averiguar quién faltaba. Era Juan Pablo Roque. Conseguí su dirección y pedí al canal un camarógrafo.