No hubo indicios inmediatos de por qué la aeronave se vino abajo después de que despegara en buenas condiciones climáticas hacia Nairobi, la capital de Kenia. El accidente fue sumamente similar al ocurrido con el avión de la aerolínea Lion Air que cayó al mar el año pasado frente a las costas de Indonesia minutos después de despegar, cobrando la vida de las 189 personas a bordo. En ambos casos la aeronave era un Boeing 737 Max 8.
El accidente puso fin a dos años de relativa calma en los cielos del continente africano, donde ha habido problemas en el transporte desde hace tiempo. También significa un duro golpe para la aerolínea paraestatal Ethiopian Airlines, que se ha expandido hasta convertirse en la de mayor tamaño y mejor gestión del continente, convirtiendo a Adís Abeba en la entrada a África.
“Ethiopian Airlines es una de las aerolíneas más seguras del mundo. En estos momentos no podemos descartar nada”, dijo el director general Tewolde Gebremariam en declaraciones a la prensa. Visitó el sitio del desplome y se paró en el enorme cráter que quedó con escombros esparcidos.