Castell, de 80 años, regresó a la misma carnicería al día siguiente sólo para enterarse de que no tenían nueva mercadería. Afortunadamente una vecina le informó que la ración mensual de su “libreta” -la canasta que el Estado distribuye a bajos precios- había llegado a la bodega y la anciana pudo irse a casa con tres muslos.
“He trabajado toda la vida”, dijo a The Associated Press Castell, quien crio sola a sus seis hijos en esta pequeña localidad a 20 kilómetros de La Habana. “Estoy toda desbaratada (enferma) pero soy la Pura y camino Bauta entera”.
Después de dos décadas de relativa estabilidad financiera sostenida por el petróleo venezolano a precios preferenciales, la escasez intermitente de alimentos y medicamentos se ha convertido en un grave problema para millones de cubanos. Además de la crisis en el país sudamericano, el fin de un contrato con Brasil por servicios médicos y el bajo rendimiento de las exportaciones dejaron al gobierno con una deuda a proveedores por unos 1.500 millones de dólares, explicó el exministro de Economía José Luis Rodríguez.