Los atentados suicidas en una concurrida mezquita y un elegante restaurant musulmán en la ciudad de Jos, en el centro de Nigeria, fueron atribuidos a milicianos de Boko Haram, así como los ataques en varios poblados del noreste del país en las que decenas de iglesias y unas 300 casas fueron incendiadas.
El presidente nigeriano, Muhamadu Buhari, condenó los ataques contra sitios de culto y dijo que el gobierno defenderá el derecho de los nigerianos a profesar su fe con libertad.
Esta fue la más reciente oleada de violencia a cargo de extremistas de Boko Haram que causaron la muerte de unas 300 personas la semana pasada, al parecer tras una orden emitida por el grupo Estado Islámico a sus seguidores para causar caos durante el Ramadán, mes que los musulmanes consideran sagrado. Boko Haram se convirtió en el representante de ese grupo en el occidente de África el año pasado.
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