La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca abre una ventana geopolítica de alto impacto para América Latina: la oportunidad de aplicar una estrategia coordinada para enfrentar, debilitar y eventualmente provocar el cambio anhelado en Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Cuando los vientos soplan a favor
El nuevo gobierno de Trump exhibe sus colmillos políticos, económicos y diplomáticos. Su agenda internacional es ambiciosa
Durante su primer mandato (2017-2021), Trump marcó una ruptura con el enfoque de diálogo y acercamiento hacia estos regímenes, que predominó bajo la administración de Barack Obama. Su gobierno aplicó sanciones severas, presionó a través de organismos multilaterales y los aisló diplomáticamente. El segundo mandato es otra historia, podría ser más decisivo. Pero hay que saber aprovecharlo y trabajarlo. Polarizar en torno a Donald Trump, es un sensible error.3
La dinámica internacional es muy distinta a la de años anteriores: i.-Aislamiento creciente: Cuba, Venezuela y Nicaragua han perdido legitimidad regional. El descontento social interno es alto, especialmente en Venezuela, donde la inflación, la migración masiva y el deterioro institucional no cesan; ii.-Giro conservador en América Latina: Países como Argentina, Ecuador, Paraguay y El Salvador han endurecido su política exterior hacia los autoritarismos, lo que facilita la creación de una coalición hemisférica; iii.-Debilidad estructural interna: la economía cubana está en su peor momento, Maduro sobrevive a base de represión y Nicaragua es un régimen cerrado, económicamente dependiente de remesas y exportaciones a EE.UU.