Como dice una vieja canción:“cuando yo era chiquitito y del mamey”, mis padres me llevaban al parque de Leopoldo, el era un señor muy correcto que vivía en Espada entre Jovellar y Vapor, a media cuadra de mi casa, paciente de mi papá; el era el dueño de un terreno que está en L y 23, en el tope de la Rampa, a más de 150 pies de altura sobre el nivel del mar y en el tenía unos “caballitos”, así le llamábamos en Cuba a un parque de diversiones infantil; con lanchitas, estrella, carros locos y hasta avioncitos. También estaban unos caballitos pony, los cuales lo usaban para darle vueltas a los niños, tengo que confesar que yo le tenia un miedo muy grande a que mientras yo los montaba se volvieran locos y se despeñaran por la loma para abajo. Me acuerdo que mi mamá me montó en uno, me amarraron mis piernitas con unas correitas y le dieron por las ancas para que corriera el caballo y se me quitara el miedo, como lloré, con un miedo terrible de caerme, y también me ponía bravo, pues mi hermanita, más chiquita que yo, que parecía una mosca arriba del caballo, no le tenía miedo y yo anegado en lágrimas.
La Cuba del Recuerdo / Hotel Habana Hilton
Muchos años después, Leopoldo vendió su propiedad a la caja del retiro gastronómico para que construyera allí un hotel, a un costo de $30,000,000, el cual iba a ser uno de los más grande del mundo hasta ese entonces, el “Hotel Habana Hilton”.
La compañía Hilton iba a administrarlo para los gastronómicos cubanos.