No son pocos los sitios digitales de viaje y blogs de tema gay que comienzan a recomendar la visita del cabaret Las Vegas, situado en la calle Infanta. Este centro nocturno, muy cercano a La Rampa y el Malecón, se ha convertido en visita obligatoria para aquellos extranjeros que viajan a La Habana con el único fin de hacer turismo sexual. A la vez, el lugar ha generado un micromundo peculiar muy difícil de comparar con otras realidades en apariencias similares.
Alrededor de Las Vegas todo transcurre como en una dimensión diferente, paralela a los otros contextos habaneros de la prostitución masculina, el proxenetismo y las drogas. Por ejemplo, los cuerpos de jóvenes y adolescentes se venden a precios hasta diez veces por encima de lo que suelen cobrar los llamados "pingueros" en cualquier otro lugar de La Habana; o los alquileres por horas, clandestinos, redoblan y hasta triplican las tarifas, debido a la altísima demanda de quienes acuden al lugar para gozar de la usual "tolerancia" de una zona donde la policía pocas veces interviene, a no ser por una riña o un hecho violento relacionado con el pandillerismo.
Según Juan Carlos, de 23 años, las áreas cercanas al cabaret Las Vegas son una zona de "pesca fácil" donde, al menos él, puede irse todos los días con 50 y hasta 100 dólares sin mucho esfuerzo:
"Los fines de semana, después de las 11, esto se pone bueno. (...) Todos los turistas vienen a ligar y también muchos cubanos que tienen cómo pagar. (...) Yo no me voy con cubanos porque pagan muy poco y piden mucho, demasiado [se ríe]. Los extranjeros te dan 30 o 40 dólares solo por sentarse un rato con ellos, tocarte un poco. A veces te regalan cosas. Este celular [muestra un teléfono que en Cuba suele estar valorado sobre los 200 dólares] me lo regaló un canadiense y yo solo le di unos besitos y ya".
Gilberto, vecino del lugar, vive de alquilar habitaciones para encuentros ocasionales. Su negocio, aunque clandestino, es muy conocido entre los "jineteros" que frecuentan Las Vegas debido a que suele cobrar mucho menos que los demás:
"Por aquí hay gente que cobra hasta 5 dólares la hora, yo solo cobro 3. Aquí mismo [se refiere a su mismo edificio] hay uno que cobra 10 dólares la hora, claro, eso está mejor que un hotel, tiene espejos en todas las paredes, la gente también va a meterse cualquier cosa [drogarse] y eso es candela. Pero aun pidiendo 3 dólares yo gano porque esto aquí no para. Es todo el día. Los fines de semana yo tengo gente haciendo cola. (...) Aquí vienen hasta niñitos que yo calculo que no tienen ni 12 años (...). No, yo no los dejo entrar. Eso es un problema si me cogen. Ya bastante que la policía no me molesta porque yo sé cómo tenerlos tranquilos. Aquí han venido policías con travestis, policías vestidos de uniforme, para que tú sepas. Aquí se ve de todo. Ya yo no me asombro. (...) Los precios no es porque la gente le cobre más a los gay sino por la demanda. Yo no tengo problemas con los gay".
Osiris tiene 28 años y desde los 20 vive de prostituirse. A los 22 decidió vestirse de mujer y dice que su condición de travesti le otorga ventajas sobre los "pingueros":
"Antes, a pesar de que era más joven, solo hacía 5 o 10 dólares en una noche. Claro, yo era de la "bajeza" y vivía y moría en el Parque Central y en la playa del Chivo (...). Ahora yo hago más de 100 dólares en un día. Los extranjeros vienen buscando eso a Las Vegas, no pingueritos ni negros. Travesti, eso es lo que es. Incluso los pingueros, después que hacen su dinero, vienen para acá a gastárselo con un travesti. A todos ellos, aunque tengan mujeres, les gustan los travesti. (...) Claro que hay discriminación. Que ahora la policía no se meta con nosotros no quiere decir que nos acepten. Niño, esto le da más dinero al país que las misiones médicas. Si cierran Las Vegas, y el Humboldt [otro cabaret en la calle Humboldt, en el Vedado] o nos cargan a todos [los llevan a prisión] como hacían antes, este país se queda sin turismo. A Cuba la gente solo viene a templar [tener sexo], para eso hemos quedado".
A pesar de que la mayoría de los "jineteros" reconocen que en las inmediaciones del cabaret Las Vegas la prostitución es mucho más tolerada y las "tarifas" por los servicios sexuales son más elevadas, hay otros que aseguran que el acoso policial en otras áreas de la ciudad ha afectado el "negocio".
Yanier, un joven pinareño de 27 años, nos comenta: "Antes sí se ganaba bien, pero ahora han venido todos esos palestinos [se les llama así a los cubanos provenientes de las provincias orientales sin residencia legal en La Habana] que antes andaban por el Parque Central y han puesto la cosa mala. Antes los turistas te daban 30 o 50 fulas de entrada pero ahora que saben que hay pingueros que piden 5 o 10 fulas, y hasta los hay de "bajo costo" que se van por 1 dólar, ya no quieren irse por más de eso. No creas nada de eso de que se van por 100. Ni por 20 se están yendo. Te lo digo yo que llevo años en esto. Eso lo dicen para hacerse. Aquí es como en todos lados, la gente se hace la que tiene mucho. Hay noches que yo me he ido en blanco. Los fines de semana esto es una nata de gente, la competencia es mucha y los turistas vienen buscando carne fresca, bebitos de teta. Esto a veces parece una escuela primaria. Ya yo soy viejo para los yumas".
Para algunos, la rehabilitación del Capitolio para alojar al llamado "parlamento" cubano ha traído consigo un plan para "maquillar" una zona de la ciudad conocida por sus altísimos niveles de prostitución; para otros, la cercanía del Hotel Saratoga, donde usualmente se hospedan norteamericanos relacionados directa o indirectamente con los ciclos de conversaciones Cuba-Estados Unidos, ha desatado una cacería contra los llamados "jineteros" que se han visto obligados a desplazarse hacia las zonas más céntricas del Vedado donde existe cierta tolerancia policial y, en consecuencia, un incremento de fenómenos como la prostitución infantil, el proxenetismo y las pandillas.
FUENTE: Cubanet