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Cuba

"Bullying" en Cuba: epidemia sin terapia

Muchos niños y adolescentes manifiestan abierto rechazo a la escuela debido al acoso escolar.

Leticia lleva de la mano a su espigada hija de trece años, que repite: "¡Mami, vámonos, no quiero entrar! ¡Vámonos!" La niña no dirá que, sentado detrás de ella, otro adolescente le pincha con la punta afilada del lápiz, hala la trenza, registra la mochila y la molesta durante los interminables cincuenta minutos que dura un turno de clases.

La niña no se queja al profesor, piensa en la reprimenda u otro castigo "por el mal comportamiento en el aula" y que no obtendrá ayuda. Durante el receso se suman otros condiscípulos para molestarla, pero nada ni nadie la defienden.

Aunque el bullying –como se llama en inglés este fenómeno– no es exclusivo de la isla y hasta Unicef (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) presume que las estadísticas de algunos países sobre denuncias de acoso infantil y escolar son mucho más elevadas que las cuantificadas, llama la atención que un problema tan universal Cuba lo pase por alto. Ni se menciona en claustros de profesores ni en las reuniones mensuales de profesores con los padres de alumnos.

Cuando ocurre algún caso demasiado relevante se resuelve, aparentemente, al citar a la escuela a los padres del niño o adolescente agresor y darles la queja para que ellos, que pueden ejercer coacción sobre el hijo, corrijan la conducta torcida. En otras ocasiones el profesor sencillamente cambia los puestos en el aula.

El bullying aparece en los reglamentos escolares de muchos países como indisciplina peligrosa, reportándose a las autoridades escolares y policiales cuando alcanza entidad grave o continuada. En Cuba cuando el joven alcanza los 16 años y existe denuncia de por la Escuela o familiar del menor ultrajado.

Unicef caracteriza este comportamiento como cualquier variante o combinación de maltrato físico o psicológico, burla, extorsión, acoso físico, hasta acoso informático, abuso lascivo y violación sexual, caracterizados por la alta vulnerabilidad de las personas ejes del abuso, agravado porque los menores no se atreven a contar el problema a sus familias, por lo general disfuncionales.

El asediado, si es homosexual o transexual, sufre peor conflicto interno, como bien apuntan pedagogos y otros especialistas. Cae sobre la víctima toda la carga social negativa de siglos.

El sistema educacional cubano no está preparado para enfrenta el acoso escolar. No existe un plan contra ese mal, ante todo por falta de percepción de la realidad. No hay preparación especial para pedagogos, quienes deberían pasar muchas horas con sus educandos para descubrir y enfrentar correctamente el acoso escolar, que tiene que comenzar por promover el respeto a los derechos humanos, derechos ciudadanos y sociales, a la dignidad humana y poner a un lado la coacción multilateral que ejerce el régimen sobre todos y en todo.

FUENTE: Cubanet

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