Llegó de madrugada y la primera media hora de espera le pareció normal, después pasaron 60 minutos, amaneció, el sol comenzó a picar y tras dos horas en la misma parada sin que llegara la guagua, a Magaly le dolían los pies y el sudor le corría por la espalda.
En Alamar, este martes en la mañana, cientos de pasajeros vivieron la misma frustración mientras esperaban un ómnibus que debía llevarles a La Habana para asistir al trabajo o a la escuela.
Los últimos días han sido caóticos para el transporte público en la capital cubana. Las crónicas dificultades para moverse dentro de la ciudad se han visto agravadas por razones que la prensa oficial no ha explicado.
Un chofer de la ruta 179 confirma en su página de Facebook el problema que hay
Lo que sí parece una realidad es que la movilidad dentro de esta urbe atraviesa uno de sus peores momentos de los últimos años sin que la Dirección General de Transporte Provincial de La Habana haya ofrecido detalles sobre las razones para este deterioro. Han regresado las imágenes de ómnibus con gente colgando de las puertas, que tan comunes se hicieron en los años difíciles del Período Especial.
También han vuelto las carreras detrás de la guagua, los niños con uniformes que se quedan sin llegar a clases porque el transporte no pasó y los empleados que desisten de llegar a su oficina porque "las guaguas están en candela".
Y cuando finalmente se avista a un vehículo con el número de una ruta, entonces se desborda el malestar acumulado y la gente grita, empuja y se queja. Los choferes no logran responder a esa avalancha de lamentos y deben ir el resto del viaje con las críticas en voz alta y un vehículo abarrotado donde los pasajeros apenas se pueden mover por los pasillos.
De vez en cuando alguien recuerda en voz alta las promesas oficiales de que el transporte en la capital iba a mejorar "paulatinamente" y los frecuentes titulares en la prensa nacional sobre ómnibus donados por otros países o reparados y ensamblados en la Isla.
FUENTE: cibercuba.com / 14ymedio