También portaba un arma larga, municiones y una bandera rusa en su vestimenta.
Las imágenes parecían mostrarlo participando en ejercicios de tiro con una ametralladora calibre 7,62 × 54 mm R y en prácticas de lanzamiento de granadas.
La publicación incluía además la etiqueta rusa #, siglas utilizadas por Moscú para denominar oficialmente como “operación militar especial” la invasión de Ucrania.
Se trata del primer contenido localizado en su perfil en el que aparece inequívocamente equipado como combatiente ruso.
Y no fue una publicación aislada.
Una guerra relatada desde Instagram
Dos días después volvió a aparecer armado.
El 12 de junio publicó imágenes en una zona boscosa mientras sostenía un fusil tipo Kaláshnikov y estaba acompañado por otra persona con apariencia militar.
Uno de sus seguidores incluso le advirtió del peligro de utilizar teléfonos móviles debido a la posibilidad de ser localizado por drones.
Su respuesta fue:
“Sí, bro, hay que cuidarse”.
El 19 de junio volvió a publicar fotografías con uniforme y símbolos rusos.
En su ropa aparecía un parche con la inscripción rusa equivalente a:
“La victoria será nuestra”.
“Para mí es simplemente una descarga de adrenalina”
Durante julio, el lenguaje empleado por el joven se volvió todavía más explícito.
El 13 de julio escribió en ruso:
“Para muchos esto es una locura; para mí es simplemente una descarga de adrenalina”.
La publicación estaba acompañada nuevamente por etiquetas relacionadas con la denominada “operación militar especial” y con cubanos residentes en Rusia.
En agosto continuó exhibiendo equipamiento militar.
El día 23 apareció con casco, gafas protectoras, uniforme de camuflaje y un machete.
“Los celos son para inseguros, yo tengo fusil y machete”, escribió.
Un parche: “Lo hago por dinero”
Otra publicación llamó especialmente la atención.
El 3 de septiembre, el cubano exhibió un parche con la expresión rusa , que coloquialmente puede interpretarse como “juego por efectivo” o “lo hago por dinero”.
El diseño mostraba además un soldado caricaturizado acompañado por billetes.
Ese elemento, sin embargo, no demuestra cuánto cobra el joven, cuáles son las condiciones de un eventual contrato ni que la motivación económica sea la única razón de su incorporación.
La secuencia de publicaciones sí permite documentar una presencia continuada durante meses en un entorno militar.
No se conoce a qué unidad pertenece
Existen importantes interrogantes que las publicaciones no permiten resolver.
No se ha podido determinar de forma independiente:
a qué unidad militar pertenece,
qué contrato habría firmado,
cuánto dinero recibe,
quién facilitó su incorporación,
ni dónde fueron grabadas exactamente las imágenes militares.
Tampoco puede establecerse únicamente a partir de sus redes sociales si llegó a participar directamente en combates dentro de Ucrania.
“A veces no hay muchas opciones”
El propio joven ofreció posteriormente una explicación sobre sus motivaciones.
El 7 de septiembre, nuevamente vestido con uniforme, publicó un video hablando directamente a la cámara.
En él relacionó la decisión que tomó con el bienestar económico de su familia.
“Yo nunca voy a culpar a Dios si me pone a escalarle una montaña, ¿tú sabes por qué? Porque fui yo quien le pidió estar en la cima. Y no por mí, sino por el bienestar de mi familia”.
Después pronunció una frase que aporta un elemento central para entender su relato:
“A veces no hay muchas opciones y hay que lanzarse por la primera que hay, aunque sea la más arriesgada de todas”.
No denuncia haber sido engañado
Su relato presenta una diferencia importante respecto de otros cubanos que anteriormente aseguraron haber llegado a Rusia mediante ofertas laborales y descubrir posteriormente que serían enviados a la guerra.
En las publicaciones analizadas del joven no aparecen denuncias de engaño, coacción, arrepentimiento o intención de abandonar las fuerzas rusas.
Por el contrario, durante meses ha exhibido armas, uniformes y símbolos rusos, ha utilizado terminología militar empleada por Moscú y ha presentado su experiencia como una decisión arriesgada vinculada con el bienestar de su familia.
Eso tampoco permite conocer las circunstancias exactas de su reclutamiento ni descartar posibles abusos posteriores.
El caso confirma que el fenómeno continúa en 2026
La relevancia del caso trasciende la historia personal del joven.
Su cronología aporta un ejemplo reciente de que ciudadanos procedentes de Cuba continúan incorporándose a las fuerzas rusas en 2026, casi tres años después de que La Habana anunciara medidas contra redes dedicadas al reclutamiento.
En septiembre de 2023, el Ministerio del Interior cubano informó que había descubierto una red de tráfico de personas relacionada con el reclutamiento para Rusia.
Las autoridades anunciaron entonces la detención de 17 personas.
Según la versión oficial, los reclutadores buscaban interesados en viajar a Rusia, recopilaban sus datos y desde ese país se gestionaban los pasajes.
Cuba reconoció que algunos viajaron voluntariamente
Las propias autoridades cubanas admitieron entonces que algunos participantes se habían incorporado voluntariamente atraídos por compensaciones económicas y la posibilidad de obtener residencia en Rusia.
La Fiscalía cubana advirtió que determinadas conductas podían constituir delitos de mercenarismo.
Sin embargo, posteriormente trascendió que algunos de los detenidos habían sido excarcelados.
Desde entonces, no se ha divulgado públicamente un balance completo que permita establecer cuántas personas fueron finalmente juzgadas o condenadas y qué ocurrió con todas las estructuras investigadas.
La Habana sostiene que tomó medidas
En junio de 2025, el vicecanciller Carlos Fernández de Cossío volvió a negar responsabilidad del Gobierno cubano en el reclutamiento.
Aseguró que La Habana había denunciado el fenómeno, adoptado medidas y hablado con otros gobiernos.
También recordó que las leyes cubanas prohíben determinadas formas de participación de ciudadanos bajo su jurisdicción en conflictos extranjeros.
El caso de “El Sensei 2002” no demuestra que las autoridades cubanas organizaran o facilitaran conscientemente su incorporación a las fuerzas rusas.
Pero sí plantea interrogantes sobre la eficacia de las medidas anunciadas.
Salió en abril y en junio ya aparecía armado
La cronología resulta especialmente llamativa.
24 de abril: publica contenido relacionado con su salida de Cuba.
25 de abril: aparece una publicación situada en Moscú.
10 de junio: se muestra armado, uniformado y equipado con símbolos rusos.
Entre las dos últimas fechas transcurrieron apenas 46 días.
Más de mil cubanos identificados previamente
El caso tampoco aparece de manera aislada.
En mayo de 2025, un dossier divulgado por el proyecto ucraniano Quiero Vivir contenía información sobre 1.028 ciudadanos cubanos reclutados por las fuerzas rusas, incluyendo nombres, edades, documentos y fechas de incorporación, según el análisis citado en el material.
Investigaciones posteriores continuaron documentando casos de cubanos muertos, desaparecidos o capturados durante la guerra.
Una incorporación en plena crisis de vuelos entre Cuba y Rusia
Existe además una particularidad temporal.
La salida del joven se produjo durante 2026, cuando las conexiones aéreas directas entre Cuba y Rusia enfrentaban importantes interrupciones debido a la crisis de combustible de aviación en la Isla.
No se conoce públicamente la ruta exacta que utilizó para llegar a Rusia.
Lo que sí permiten reconstruir sus publicaciones es una transformación extraordinariamente rápida:
de Cuba a Moscú y, en apenas unas semanas, de Moscú al uniforme, las armas y el entrenamiento militar ruso.
Su propia explicación resume el trasfondo de la historia:
“A veces no hay muchas opciones y hay que lanzarse por la primera que hay, aunque sea la más arriesgada de todas”.