Ningún ciudadano de los Estados Unidos debe sufrir, como ha pasado con Alan Gross, cárcel bajo el régimen tiránico de Cuba, que todos los días agrede a todo cubano que se opone a su política de odio. Porque, un país donde no se accede libremente al internet ni se puede protestar pacíficamente es un gobierno represivo y aísla a sus ciudadanos.
La liberación de Alan Gross es una buena noticia, pero jamás debió estar encarcelado en Cuba por el régimen de los hermanos Castro. La Administración del presidente Barack Obama, a espaldas del Congreso formado por republicanos y demócratas, ha liberado de forma unilateral a tres espías cubanos convictos responsables de un ataque alevoso a tres indefensos ciudadanos y un residente de Estados Unidos: Carlos Costa, Armando Alejandre, Mario de la Peña y Pablo Morales, cuyos aviones civiles fueron derribados sobre aguas internacionales por órdenes directas de los hermanos Castro. Delitos debidamente conocidos y sancionados por el sistema judicial estadounidense.
La impunidad de ese bárbaro régimen encabezado por los hermanos Castro es aún mayor cada día porque el pueblo cubano es totalmente ignorado mientras la Administración Obama y los hermanos Castro arreglaban el intercambio del señor Alan Gross por los espías cubanos, y mientras públicamente negaban tales conversaciones.
En las declaraciones hechas en simultáneo, en Estados Unidos por Barack Obama y en Cuba por Raúl Castro, este último afirmó: "Esto no quiere decir que lo principal (el embargo) se haya resuelto"; porque, con la liberalización de políticas destinadas a suavizar el comercio y remesas a Cuba, por las decisiones de esta Administración, los hermanos Castro rebasarán sus arcas con dinero, a expensas del pueblo cubano.
Comparto el sentimiento de pesar de toda mi comunidad por esta lamentable decisión de la Casa Blanca y los invito a estar más unidos que nunca, para que nuestros principios democráticos prevalezcan. Sigamos firmes luchando porque el pueblo cubano alcance la luz de la libertad.
FUENTE: www.diariolasamericas.com / Ileana Ros-Lehtinen