La impunidad de Sandro Castro parece haber llegado a su fin. El nieto díscolo de Fidel Castro, conocido por su ostentación y excentricidades, enfrenta ahora un ataque directo desde dentro del oficialismo cubano, tras recibir una contundente “bendición” crítica de Gerardo Hernández Nordelo.
Hernández, considerado héroe de la República, exespía de los llamados “Cinco Héroes” y actual Coordinador Nacional de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), avaló públicamente un extenso texto del historiador Ernesto Limia que denuncia y ridiculiza a Sandro Castro. Lo hizo con una sola palabra publicada en su perfil de Facebook: “AMÉN”.
Pero en este contexto, ese escueto comentario trasciende la aprobación personal: es una señal de respaldo político. La publicación, hecha desde la cuenta oficial de una figura clave del aparato ideológico, legitima la crítica como discurso permitido. Y en Cuba, eso es equivalente a una orden simbólica para que el aparato político, los medios y la militancia puedan señalar, ridiculizar y desmarcarse de Sandro sin miedo a represalias.
“Esto se puede decir”
En la tradición religiosa, “amén” significa “así sea”. En la política cubana actual, que Hernández lo diga implica: “Esto ahora se puede decir en voz alta”. Su muro de Facebook, más que un perfil personal, funciona como caja de resonancia de la línea oficial para miles de simpatizantes, cuadros intermedios y dirigentes.
“Sandro no es enemigo político, no ha cometido delitos. Pero su falta de ética y el uso irresponsable de su apellido hacen daño”, subrayó Limia, evidenciando que ya no habrá silencio cómplice para sus provocaciones.
El historial de excesos
Sandro Castro lleva años protagonizando escándalos que van desde lujosas fiestas y paseos en autos de alta gama hasta publicaciones frívolas en redes sociales que contrastan con la dura realidad económica de la mayoría de los cubanos.
Se hizo viral en 2021 tras divulgarse un video suyo conduciendo un Mercedes-Benz a toda velocidad mientras Cuba enfrentaba la pandemia y una crisis energética. Desde entonces, sus publicaciones con su inseparable cerveza Cristal —apodada la ‘Cristach’— y referencias satíricas a los apagones y a empresas estatales como la UNE y ETECSA alimentaron su personaje irreverente.
Incluso algunos llegaron a verlo como un “bufón rebelde” que se burlaba del sistema desde dentro. Pero para la cúpula del poder, la broma parece haber llegado demasiado lejos cuando Sandro se permitió coquetear con críticas veladas a Díaz-Canel y, finalmente, posar con la bandera estadounidense.
La caída de un protegido
El apoyo público de Gerardo Hernández a la crítica de Limia marca un giro: lo que antes se toleraba como simple excentricidad de un “hijo de la casta” ahora se convierte en un blanco legítimo de ataques dentro del oficialismo. Para Sandro Castro, eso significa perder el blindaje simbólico que le otorgaba su apellido.
En pocas palabras, se acabó el silencio. Sandro Castro ya no es intocable.