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Cuba

Los bienes confiscados por Castro, una espina en la relación con EEUU

OMAHA, NEBRASKA Un aroma de café viene de la cocina mientras Carolyn Chester revisa unas fotos viejas que saca de cuatro cajas de la mesa del comedor.

Aparecen amigos tomados de los brazos en una playa cubana.

Hombres con trajes y mujeres con vestidos de fiesta en un club nocturno de La Habana.

En casi todas las fotos aparecen un hombre elegante con un bigote con algunas canas y una mujer de cabello negro con las cejas arqueadas como las de una estrella de cine de los años 50, los padres de Chester, que sonríen por su buena fortuna, sin saber que pronto los abandonaría.

"Siempre oí hablar de Cuba", dice Chester. "De todo el dinero que perdimos y de que `tal vez algún día...', pero no entendía de qué hablaban".

Poco después de que Fidel Castro asumiera el control de Cuba en 1959, su gobierno comenzó a confiscar propiedades de miles de ciudadanos y empresas estadounidenses. En el caso de Edmund y Enna Chester, las pérdidas incluyeron una hacienda 32 hectáreas con animales y un Buick nuevo que, quien sabe, todavía podría estar circulando por las calles de La Habana.

En 1996 el Congreso estadounidense aprobó una ley que estipula que Cuba deberá compensar a los estadounidenses por lo confiscado como requisito previo para que se levante el embargo.

Ese requisito no fue mencionado por el presidente Barack Obama cuando anunció en diciembre que Estados Unidos y Cuba reanudarían sus lazos diplomáticos. Dada la fragilidad de la economía cubana, algunos expertos dicen que las empresas cuyas propiedades fueron confiscadas podrían darse por satisfechas si se les permite volver a operar allí y darían vuelta la página.

Pero la memoria de las empresas no perdura tanto como la de las familias. Eso queda claro en sitios como la pequeña vivienda de Chester en Omaha, en un lote esquinero, donde un retrato pintado de su madre, con un marco dorado, observa los amarillentos títulos de propiedad y las acciones que hoy no valen nada.

Son recordatorios de la Cuba que existió antes de la llegada de Castro. Y la amargura generada por lo que vino después aún sigue presente.


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FUENTE: elnuevoherald.com

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