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La Habana

Millennials del clan Castro viven a todo lujo en Cuba

El Mercedes Benz de Sandro palidece al lado del imperio en las sombras que probablemente heredarán los verdaderos "nietísimos" de la dictadura más larga de América Latina.

Tomado de Cubanet.

LA HABANA, Cuba. – Las imágenes de un nieto de Fidel Castro alardeando del Mercedes Benz que usa como juguete apenas son la punta del iceberg de todo un clan.

Los Castro gobiernan el país como a una finca familiar desde hace más de medio siglo y, aunque la mayoría ha optado por una vida apartada de la política, plena de ocio y glamour, como típicos “hijos de papá”, se saben dueños del poder que les otorga la sangre para saltarse normas, fidelidades y hasta al mismísimo Miguel Díaz-Canel, que porta en sus venas la desgracia de no ser un Castro y mucho menos parte de la casta militar que lo mangonea en las sombras.

Alex Castro Soto del Valle, el “Roberto Nabo Duro” de las redes sociales y marido de Kenelma Carvajal, actual viceministra de Cultura, calificó a su sobrino Sandro como la “papa podrida” de la familia, pero, al hacerlo, no solo pretendía hacernos olvidar su propio historial de vago “gozador de la vida” (sacando provecho de su proximidad al padre dictador para realizarse como artista de la imagen, sin apartarse demasiado de la mansión familiar en Punto Cero) sino, además, el detalle más importante, y es que la humildad de la cual han hecho bandera para manipular a las masas empobrecidas no se les da muy bien a ninguno.

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Se habla demasiado y se sabe solo un poco más sobre los hijos y nietos de Fidel Castro, se les atribuyen varios negocios de bares y paladares en La Habana, se les presta atención a las redes sociales de Tony, Sandro y hasta de otros miembros de esa rama poco conocida de los Castro que se han ido a Miami durante el declive y muerte de Fidel Castro —como presintiendo la revancha al interior del clan—, pero de la descendencia de Raúl Castro poco se dice y muy vagamente son revelados al público en las facetas más íntimas.

Quizás tal desproporción sea intencional. Provocada incluso desde el interior del propio clan Castro buscando desplazar el foco de atención hacia donde son menos dañinas las revelaciones (Sandro y sus locuras, por ejemplo). Se trataría de exponer las cabezas cortadas por la opinión pública y no las que aún se mantienen algo firmes sobre los hombros por lo poco que sabemos de ellas.

Mientras el público se inflama de rabia con las imágenes de Sandro en su Mercedes Benz o del Tony más joven tomando el sol en la Riviera francesa, pasa por alto que hay otros nietos, aunque no de Fidel sino de Raúl, que disfrutan de mejores “juguetes” en casa, al ser los dueños, posiblemente, de una fortuna mayor.

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Sería el caso del joven estudiante de Economía Paolo Titolo Castro, “Paolito”, fruto del matrimonio formado por Mariela Castro Espín y el italiano Paolo Titolo. No es este padre de familia simplemente un fotógrafo al estilo de Alex Castro, sino uno de los empresarios extranjeros más importantes en la Isla, director general de Amorim Negocios Internacionais S.A., la representación cubana del Grupo Amorim, una empresa europea cuyos dueños han sido considerados por Forbes como la mayor fortuna de Portugal, vinculados a numerosos escándalos de fraude, corrupción y lavado de dinero, entre ellos los relacionados con Isabel dos Santos, la mujer más rica de África, hija del presidente angoleño, amigo de los Castro, José Eduardo dos Santos.

Junto con Paolito Titolo, que prácticamente todas las Navidades disfruta con su familia italiana en Palermo o en París —pues coincide la festividad con el aniversario de boda de Mariela y Paolo padre—, también están sus primos Raúl Alejandro y Fidel Ernesto Castro Calis, los dos hijos de Alejandro Castro Espín con su primera esposa Marietta Calis Lauzurica, con la que se casó apenas graduado de la academia militar, con 25 años de edad.

Quiénes son y qué hacen los nietos de Raúl Castro

Son muchos más que tres los nietos de Raúl Castro, pero Paolo, Raúl Alejandro y Fidel Ernesto son los que más gustan de frecuentar discotecas, vacacionar en sus casas de la playa y salir de fiesta con los amigos de la universidad. Mostrar que son bien divertidos y tan “normales” como cualquiera, aunque con la frecuencia que lo hacen parecen olvidar que la cotidianidad de ellos es considerada lujo por cualquier cubano, incluidos médicos, ingenieros, abogados y hasta artistas cuyos salarios precarios y condiciones de “plebeyos” no les permiten llevar una “vida normal”.

Y hablando de privilegios y artistas sería el mejor momento para recordar que Edith Massola, la presentadora del programa 23 y M de la Televisión Cubana, fue la suegra de Paolito Titolo Castro, algo que, según cuentan sus allegados, no gustó mucho a “mamita” Mariela, que ha estado preparando al chico para la sucesión de su marido en el manejo de los negocios del Grupo Amorim en Cuba. Con tales propósitos fue matriculado en la carrera de Economía en la Universidad de La Habana e iniciado en los asuntos de la compañía.

El mismo Paolito anunció su noviazgo con la hija de Edith Massola en una de sus páginas de Facebook. La suegra, la cuñada y la novia reaccionan con frecuencia a las publicaciones del joven Castro, así como él y sus primos Tony, Raúl y Fidel Ernesto —que bien saben divertirse juntos—, han dado likes a las de Edith, pero también a las de Paula Massola, aquella pretty woman que hace un tiempo causó escándalo en las redes sociales cuando, en medio de la prohibición de acceso a las playas por causa de la pandemia, subió un video a internet alardeando de sus prerrogativas, por ser la “amiga de un general”.

De estas relaciones “sentimentales” entre los Castro y los Massola es posible inferir que no se trataba de un general cualquiera el que autorizó a la joven actriz a violar la cuarentena, sino del principal de todos los generales en Cuba. Del “abuelito” Castro, hoy apartado del ejercicio público aunque no del poder real, o del “papito”, también general del MININT, que ha heredado el látigo con que pone y dispone de altos funcionarios a su antojo.

Alejandro Castro Espín, alias El Tuerto, es el militar más temido en Cuba. Su poder es ilimitado por su papel siniestro dentro de los servicios de inteligencia y contrainteligencia en la Isla. Estuvo presente en todas las conversaciones del proceso de acercamiento del régimen con los Estados Unidos. Pero lo más importante, sus grabaciones secretas de conversaciones e intercambio de mensajes entre el excanciller Felipe Pérez Roque, el exvicepresidente Carlos Lage Dávila y el exjefe de despacho de Fidel Castro, Carlos Valenciaga, hicieron caer en desgracia a cuanta persona incluía y rodeaba el llamado “Grupo de apoyo” de su otrora poderoso tío.

La paciente labor de espionaje de Alejandro Castro Espín desde un oscuro departamento del MININT le aseguró a su padre Raúl en 2009 una herencia limpia de polvo y paja, oficinas y escritorios vaciados en el Consejo de Estado y los principales ministerios para así plantar a los fieles militares que, comandados por Luis Alberto Rodríguez López-Calleja (padre de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, por matrimonio con Déborah Castro Espín), había preparado con paciencia y que, con el disparo de arrancada, en apenas cinco años se apoderaron de la economía.

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Raúl Alejandro, Fidel Ernesto Castro Calis y Paolo Titolo Castro son actualmente, junto con Raúl Guillermo, los verdaderos “nietísimos” de la dinastía y no los “infelices” de Sandro o Tony. Los dos primeros guardan un gran parecido con su abuelo paterno. El rostro de Paolito, en cambio, es idéntico al de su madre Mariela. Tanto Raúl Alejandro como Fidel Ernesto se graduaron de la universidad hace muy poco.

Los dos jóvenes, junto con su madre Marietta y la prima Beatriz “Betty” Dorta Calis, disfrutan pasar vacaciones y fines de semana en hoteles o en la casa de veraneo que tienen los Castro en Varadero. Hasta el momento, las fotos han estado accesibles en sus perfiles de Facebook.

Betty Dorta es otra artista de una familia donde los hay de sobra. Es prima de los nietos de Raúl Castro por parte de Marietta Calis. Confiando en lo que ha escrito en su currículo, entró con cinco años a la compañía de teatro La Colmenita y ya a los 13 era modelo infantil para una empresa de Libia. A los 15, la madre la llevó a vivir por un tiempo a Inglaterra y, de regreso, ingresó en la Escuela Nacional de Arte para estudiar actuación, una especialidad que, al parecer, se le da de manera muy natural a los Castro y a quienes se arriman a su sombra.

Hoy aparece como actriz con un desempeño nada extraordinario en la compañía de Teatro El Público, de La Habana, y se la ha visto modelar en campañas publicitarias de Meliá y la revista Excelencias del Caribe, también en algún que otro videoclip.

Por su parte, Marietta Calis postea con frecuencia en su página de Facebook los paseos y festejos en familia. Igual usa el espacio para promocionar el incipiente negocio de mermeladas de frutas que ella elabora en los ratos de ocio, quizás aprovechando los excesos de una despensa para nada desabastecida como la mayoría en el país. Los frascos, etiquetados como “Mermeladas Mary”, los vende sin pagar licencia en su círculo de amigos por precios que oscilan entre los 100 y 200 pesos.

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Pero “no es un negocio como tal, es solo un hobby”, dice Marietta a los cercanos para de ese modo evitar los comentarios maliciosos. Igual pudiera llevar razón.

Su actual esposo, Manuel Melián Pérez Rolo, fue funcionario del Ministerio del Turismo, y ahora, con un empleo en la comercializadora estatal Artex, del Ministerio de Cultura, ganaría lo suficiente como para celebrar las Navidades de 2019 en Varadero y las del 2020, saltando de restaurante en restaurante por toda la Habana Vieja.

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