En medio de un creciente deterioro del sistema penitenciario cubano, varios reclusos —incluidos presos políticos— han alzado su voz para denunciar las extremas condiciones de vida en las cárceles de la isla. Las denuncias más recientes apuntan a una alarmante escasez de alimentos, medicinas y asistencia médica básica, en un contexto marcado por brotes de enfermedades como la tuberculosis y la desnutrición severa.
Familiares de los prisioneros, activistas de derechos humanos y organizaciones del exilio han advertido sobre una situación “crítica” y “cruel”, que podría estar siendo utilizada como método de presión y castigo por parte del régimen. Testimonios recogidos por medios independientes relatan cómo los presos reciben raciones mínimas de comida en mal estado, no tienen acceso a atención médica adecuada y deben sobrevivir en celdas insalubres, muchas veces infestadas de plagas.
“Nos quieren matar de hambre”, dijo un preso político a través de una llamada telefónica clandestina, señalando que el deterioro físico de muchos reclusos es ya visible y alarmante. Según las denuncias, los medicamentos son prácticamente inexistentes, lo que agrava el estado de salud de quienes padecen enfermedades crónicas o infecciosas.
Las autoridades cubanas no han emitido comentarios oficiales sobre estas acusaciones. Sin embargo, informes de organizaciones como Prisoners Defenders y el Observatorio Cubano de Derechos Humanos han documentado casos similares durante los últimos años, y han advertido sobre una política de represión sistemática dentro del sistema penitenciario.