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Casa Blanca

Senador Marco Rubio empieza a recuperar su imagen política

WASHINGTON - Marco Rubio está en efervescencia una vez más.

El senador de la Florida está en medio de un retorno a su fama, impulsado en una posición firme en contra de mejorar las relaciones con Cuba, una inteligente campaña en Iowa y una reunión en la que impresionó a donantes acaudalados.

Enfrenta todavía un difícil recorrido hacia la Casa Blanca. Los votantes en su propio estado preferirían que se postulara a un segundo mandato en el Senado en el 2016. Ya no es el único astro joven republicano en la liza. Y continúa siendo muy criticado por el cambio de su posición con respecto a la inmigración, en particular por parte de la comunidad latina que los republicanos quieren conquistar.

A Rubio no parece molestarle nada de esto, mientras regresa poco a poco a su posición como uno de los astros políticos de la generación post Baby Boomers, un estatus que él recibió a su llegada a Washington cuatro años atrás. El gurú político Karl Rove lo llamó "el que mejor se comunica desde Ronald Reagan". Para febrero del 2013, Rubio había salido en la cubierta de la revista Time y era saludado como "el Salvador Republicano".

Días después, el torpe gesto de Rubio al echar mano a una botella de agua durante un discurso de respuesta al del Estado de la Unión fue un desastre de comunicación.

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Dejó de elogiar la conducta del Senado, diciendo que la Cámara debería aprobar simplemente medidas menos ambiciosas. Los partidarios de sus esfuerzos de inmigración quedaron estupefactos.

"Fue valiente. Hizo una labor brillante con el proyecto de ley del Senado. Entonces le dio miedo", dijo Frank Sharry, director ejecutivo de America's Voice (La Voz de EEUU), un grupo de activistas de inmigración. "Pasó de ser un ejemplo de coraje en el tema de la inmigración a un asqueroso político más".

A la derecha, no obstante, su cambio le pareció bien.

"Ahora él lo entiende", dijo el senador Jeff Sessions, republicano de Alabama, uno de los principales críticos de la legislación bipartidista.

Rubio también empezaba a considerar seriamente una postulación a la presidencia. Se dirigió a Iowa, a dar su apoyo desde el principio a Joni Ernst, en ese entonces una de un montón de candidatos republicanos al Senado. Ella dejó pasmados a los expertos con una abrumadora victoria en las primarias y le ganó fácilmente a un representante demócrata en noviembre.

"Eso le dio mucho crédito", dijo el presidente del Partido Republicano de Iowa Jeff Kaufmann.

Cuando Rubio intervino el pasado otoño en un banquete en Bettendorf, activistas quedaron impresionados ante la manera en que "él se tomó el tiempo de mezclarse con el público y hablar con la gente", rememoró Judy Davidson, presidenta del Partido Republicano del Condado Scott.

Luego vino Cuba, y Rubio era de repente el crítico más prominente de toda la nación del plan expresado en diciembre del presidente Barack Obama de normalizar las relaciones con Cuba.

Su confianza en sí mismo pareció contagiarse a otras áreas. El senador dijo la semana pasada a McClatchy que él no ha hecho cambios en su estrategia de comunicaciones. Si él parece más confiado en sí mismo, dijo, "nada de eso estuvo diseñado para cambiar la opinión del público".

Si se le pregunta sobre su cambiante opinión sobre la legislación de inmigración, la larga respuesta de 20 minutos del año pasado se convierte ahora en una frase lacónica. "La diferencia es que la realidad se ha impuesto", dijo Rubio. "La realidad es que no contamos con los votos para aprobar un proyecto de ley en el Senado o una medida abarcadora".

Los tiempos han cambiado, dijo. Obama dio un decreto ejecutivo para permitir a millones de inmigrantes que permanecieran en el país, y los republicanos ganaron elecciones el año pasado bajo un mensaje de mano dura contra la inmigración.

Rubio continúa ganando terreno en sus ambiciones presidenciales. Cuando se unió a otros tres potenciales candidatos republicanos en enero en una reunión de importantes donantes en California, él fue un éxito, y ganó una votación no oficial.

Pocas semanas más tarde, Rubio contrató a Jim Merrill, el arquitecto de la campaña primaria de Nueva Hampshire del candidato republicano a la presidencia del 2012 Mitt Romney.

Rubio enfrenta aún enormes dificultades.

Tiene el hábito de hablar rápido, exponiendo sus ideas en detalle, y tendrá que convencer a los votantes que desconfían de Obama que deberían apoyar la candidatura a la presidencia de otro senador en su primer mandato.

"Es aú novato en algunos aspectos, especialmente en lo que respecta a la política exterior", dijo Daniel Smith, profesor de ciencias políticas de la Universidad de la Florida. Rubio preside la subcomisión del Hemisferio Occidental del Senado, pero sólo ha estado en ese puesto desde principios de enero.

Rubio enfrenta además una actitud bastante renuente del público de su propio estado. Una encuesta de votantes de la Florida hecha el mes pasado por Mason-Dixon concluyó que el 57 por ciento de los mismos querían que él se postulara para otro mandato en el Senado, mientras que el 15 por ciento pensaba que él debería postularse a la presidencia. Una encuesta de Quinnipiac el mes pasado había mostrado al ex gobernador Jeb Bush con el apoyo de al menos un tercio de los republicanos en la Florida, históricamente un estado eje de las primarias, mientras que Rubio obtuvo un 15 por ciento.

"Bush cuenta con una base de seguidores sólida y de mucho tiempo, en particular entre los republicanos", dijo Brad Coker, director general de Mason-Dixon, "y probablemente algunos piensan que (Rubio) está demasiado verde y es demasiado nuevo".

Rubio dijo que Bush no influirá en su propia decisión de postularse o no a la presidencia.

"Baste decir que he dicho antes que mi decisión de si me postularé o no, no estará basada en la decisión de ninguna otra persona. Y él les dirá exactamente lo mismo", afirmó Rubio.

Más problemático es si él podrá encontrar un nicho adecuado en el campo republicano, lleno de posibles contendientes. Aunque apenas tiene 43 años, Rubio ya no es el único joven incandescente en ascenso.

El gobernador de Wisconsin Scott Walker, quien está al tope o casi en las encuestas recientes de Iowa y Nueva Hampshire, tiene 47 años. Y Rubio, quien fue electo senador con la ayuda del movimiento Tea Party, tampoco es el candidato que más entusiasma a esa sección electoral todavía ruidosa. El senador Ted Cruz de Texas, de 44 años, es el que cuenta con esa ventaja.

Rubio restó importancia a las dudas.

"La campaña cambia la opinión de la gente", afirmó. "Si yo me postulo a la presidencia, creo que puedo argumentar de modo bien contundente que el Partido Republicano debería escogerme a mí".

Rubio no mostró dudas ante su futuro, y dejó ver esa cierta humildad que los políticos experimentados saben es algo imprescindible.

"La idea de que la gente va a votar a mi favor o en mi contra porque yo bebí un sorbo de agua en televisión, vaya..." No tuvo necesidad de decir nada más. Se limitó a reírse.

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FUENTE: elnuevoherald.com

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