A veces, luego de una noche de apagones, calor y mosquitos que lo obligan a dormir en la terraza como a sus vecinos del edificio en el que vive en el barrio habanero de El Vedado.
Para continuar, suscribite a americateve. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.
SUSCRIBITELA HABANA (AP) — Cada día puntualmente el primer bailarín del Ballet Nacional de Cuba, Dani Hernández, se sube a una motocicleta eléctrica, algo peligroso para quien depende de no tener lesiones, para llegar a su clase de danza.
A veces, luego de una noche de apagones, calor y mosquitos que lo obligan a dormir en la terraza como a sus vecinos del edificio en el que vive en el barrio habanero de El Vedado.
“Nosotros trabajamos con el cuerpo”, dijo a The Associated Press el cubano Hernández de 37 años, estrella internacional del Ballet Nacional de Cuba y director de la Escuela Nacional de Ballet, el semillero que formó por décadas a muchos de los artistas más prestigiosos de esta disciplina.
“Uno sale de casa sabiendo que se va a enfrentar a horas de ensayo”, comentó el artista. “Si tengo o no tengo luz tengo que estar en el salón, pero estoy pensando: ¿se me echará a perder la comida en el refrigerador?’”.
Si ser un bailarín clásico de primer nivel conlleva disciplina y sacrificio, en la Cuba de estos días difíciles de cerco energético es casi una proeza.
El Ballet Nacional de Cuba es uno de los más prestigiosos del mundo y es tan popular en la isla como el béisbol. Un boleto para el teatro cuesta menos de un dólar, algo que en cualquier otro similar en el mundo podría pagarse hasta 300 dólares.
El Ballet Nacional de Cuba es “un emblema de nuestra identidad”, reflexionó Hernández, “un referente mundial e internacional adonde cada bailarín cubano que llega y se para en un escenario, todo el mundo lo reconoce”.
Creado a fines de la década de 1940 por la prima primera bailarina Alicia Alonso y su esposo Fernando Alonso, la compañía tomó impulso tras el triunfo de la revolución en 1959 y su política estatal de apoyo a las artes en general que logró además un acceso masivo para la población.
La combinación del liderazgo exigente de Alonso y una escuela pública de danza dieron como resultado decenas de estrellas. Entre los más reconocidos figuran Josefina Menéndez, Loipa Araujo, Mirta Plá y Viengsay Valdés. Algunos llegaron a ser primeros bailarines en compañías como la Opera de París, el Royal Ballet de Londres o el American Ballet Theatre de Nueva York.
El cerco petrolero impuesto a la isla en enero por Estados Unidos ha agravado una crisis que ya llevaba un lustro y ha tenido efectos palpables en todos los sectores: apagones de más de 30 horas, falta de alimentos y transporte público e industrias cerradas. En este contexto, muchos ven con preocupación el sostenimiento de las artes y del ballet en particular.
Con 178 alumnos de 9 a 18 años la Escuela Nacional de Ballet que dirige Hernández ocupa un imponente edificio Art Nouveau en el corazón de La Habana Vieja y los jóvenes toman allí sus clases regulares –matemáticas, español, historia, ciencias— y sus prácticas de danzas.
Las familias deben hacer un esfuerzo cada vez mayor para acompañar la exigente carrera de sus hijos que además de los materiales escolares incluye vestimenta especial y una alimentación adecuada a la exigencia física.
“Significa un esfuerzo casi rayando la magia. Porque detrás de cada estudiante de ballet hay toda una red de personas”, dijo a AP Cynthia de la Mora Chávez, de 49 años y madre de Roxana Pérez, una alumna de la escuela.
De la Mora y su hija viven en el municipio periférico de La Lisa y ante la escasez actual de transporte público deben levantarse a las cinco de la mañana para poder llegar a la escuela a las ocho, constató AP.
“Sinceramente, si me preguntan cómo lo hago, no tengo la más mínima idea”, comentó De la Mora mientras terminaba de prepararle el desayuno a su hija de 14 años iluminada por una linterna mientras la joven retocaba su rodete. El barrio no tenía luz desde el día anterior.
“El bailarín siempre pasa trabajo, el estudiante de ballet siempre pasa trabajo, pero este momento histórico que estamos viviendo tiene el agregado de que no tenemos corriente, no tenemos agua, no tenemos comida, no tenemos transporte. Y hay toda una lista de ‘no tenemos’”, reflexionó De la Mora.
De la Mora y Hernández admitieron el temor de que por las carencias actuales los jóvenes o sus familias abandonen sus metas y se pierdan talentos.
“A veces le digo ‘ay mami no quiero ir’, pero faltar me puede implicar algo después en el entrenamiento", reflexionó Pérez con una tímida sonrisa, pero aseguró que seguirá adelante contra viento y marea. "Siempre he dicho que mi sueño es ser primera bailarina”.
————
Siga a Andrea Rodríguez en X: https://x.com/ARodriguezAP
FUENTE: AP
Suscribite a nuestro Newsletter