Según los datos más recientes de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI), que realizan las principales universidades y observatorios en Venezuela, el 96.3% de los hogares venezolanos son pobres, y casi el 80% de ellos se encuentra en pobreza extrema. Estas cifras reflejan lo grave y complejo de la crisis humanitaria. La evidencia está en la ayuda de alimentos y medicinas que recibe Venezuela de organismos internacionales, y en los millones de venezolanos que han emigrado del país.
Pero a pesar de la crisis y la pobreza, ha surgido una comercio paralelo de costosos productos de lujo que solo una minoría adinerada puede pagar.
Algunos empresarios y emprendedores venezolanos pudientes de larga tradición han sabido detectar y aprovechar oportunidades para sobrevivir, e incluso crecer en sus negocios, según explica a DW el economista Rudi Cressa.
Sin embargo, también «existen nuevos empresarios que se han visto favorecidos por sus nexos y relaciones con las cúpulas de poder, y han tenido acceso a contratos, concesiones y oportunidades de manera poco transparente o ética, y al margen de la legalidad» señala Cressa, que añade que estos nuevos empresarios «han visto crecer su riqueza de manera exponencial, demostrando apoyo de forma abierta al chavismo».