El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, inauguró este martes la nueva y controvertida prisión para migrantes apodada ‘Alligator Alcatraz’, un centro de detención construido en medio de extensos humedales en Florida y que forma parte de su estrategia para reforzar la política migratoria y acelerar las deportaciones masivas.
Durante la ceremonia, Trump no escatimó en declaraciones provocadoras. Ante medios y simpatizantes, justificó el nombre del centro —ubicado en una zona pantanosa repleta de caimanes— asegurando que es “muy apropiado” por su aislamiento: “He mirado afuera y no es un lugar al que me apetezca ir de excursión. Estamos rodeados de kilómetros de pantanos traicioneros y la única salida es la deportación”, afirmó.
El mandatario recalcó que el recinto, situado a 72 kilómetros al oeste de Miami, servirá para albergar a “algunos de los migrantes más amenazantes y despiadados del planeta”. Según explicó, la construcción se financió con fondos de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) que, según acusó, su antecesor Joe Biden habría destinado a pagar “hoteles de lujo” para migrantes en Nueva York.
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Sin cruces en la frontera, según Trump
Críticas por las condiciones y el impacto ambiental
El centro, con capacidad para 5.000 detenidos, ha despertado una ola de críticas de organizaciones humanitarias y defensores de derechos civiles, quienes denuncian las precarias condiciones en las que se mantendría a los migrantes. Grupos ambientalistas y comunidades indígenas también se han movilizado para exigir la protección de los humedales y de tierras ancestrales que, denuncian, se verían afectadas por la operación del polémico centro carcelario.
El proyecto forma parte de la nueva etapa de mano dura de Trump en materia migratoria, una bandera que ha reforzado desde su regreso a la presidencia. La ‘Alligator Alcatraz’ es, para la Casa Blanca, un símbolo de que “la única salida es la deportación”, mientras el debate nacional sobre la inmigración vuelve a polarizar la política estadounidense.