Oksana Syomina no reaccionaba. Solo miraba a su alrededor. Hoy quisiera no haberlo hecho. Vio cadáveres por todos lados, incluidos los de muchos niños. Tuvo que caminar entre los muertos para escapar del edificio que había funcionado como el principal refugio antibombas de la ciudad durante más de una semana.
Syomina, su esposo y otras 30 personas aproximadamente corrieron hacia el mar y luego por la costa, casi ocho kilómetros (cinco millas), sin parar, alejándose de las ruinas del teatro.
“Toda la gente sigue bajo los escombros, porque los escombros todavía están allí”, comentó Syomina entre lágrimas. “Es una gran fosa común”.
De todos los horrores que ha producido la invasión rusa a Ucrania, el ataque del 16 de marzo a la Academia Dramática Regional de Donetsk, en Mariúpol, sobresale por ser aparentemente el episodio que produjo más víctimas civiles hasta ahora. Una investigación de la Associated Press encontró pruebas de que el ataque fue más letal de lo pensado inicialmente y habría matado a cerca de 600 personas, dentro y fuera del edificio. Esto sería el doble de lo estimado previamente.