Hace poco más de una semana, y fruto de uno de los irrefrenables y tristemente famosos arrebatos de ira de Elon Musk, el CEO de la compañía despidió al equipo de supercargadores de Tesla, siguiendo con la política de recorte de gastos que se había iniciado con el anuncio del despido del 10% de su plantilla actual en todo el mundo.
En este caso, la medida de recorte no solo afectaba a los puestos de ingeniería o comercial, sino que también había impactado de forma directa y notoria sobre los responsables de la división, sirviendo como aviso para navegantes.
Sin nadie al mando de la división de estaciones de carga de una empresa que depende de esa red para cargar los coches que fabrica, Elon Musk ha tardado solo una semana en entrar en razón y ha tenido que volver a contratar a parte de ese equipo, según fuentes de Bloomberg.
Crónica de una pataleta de Elon Musk
El principio de la historia comenzaba con Elon Musk haciendo una demostración de fuerza ante los accionistas, que pedían una ofrenda de sangre para compensar la caída en ventas de los coches de Tesla. Musk despidió a todo el equipo de supercargadores formado por más de 500 personas, incluida Rebecca Tinucci como cabeza visible del departamento de supercargadores de la marca. El sacrificio tuvo su efecto, y las acciones de Tesla recuperaron algunos enteros en su cotización.