El inicio del curso se produjo luego de que el anterior se cortara súbitamente en junio cuando las autoridades admitieron que no estaban en condiciones de impartir clases en escuelas sin luz, sin agua y con maestros haciendo grandes esfuerzos para llegar a las aulas.
“En la preparación (del inicio del ciclo) ha sido todo muy complicado, hay que buscar los uniformes, la merienda, los zapatos”, se lamentó Sully Coll, de 54 años y madre de una niña de 12 que concurre a la escuela secundaria en La Habana Vieja.
El calor también afectó a las familias en estas semanas y Coll cree que podría ser un factor en el rendimiento escolar. “Sin corriente casi no se duerme”, señaló a The Associated Press.
Las autoridades informaron que unas 10.000 escuelas en todo el país abrieron sus puertas para recibir a 1,4 millones de estudiantes y más de 135.000 profesores.
La educación pública, obligatoria y gratuita fue uno de los logros más exitosos de la revolución cubana. Las escuelas se caracterizan en su mayoría por la doble jornada y miles de alumnos almuerzan en ellas.
La ministra indicó que se contará con el apoyo de padres y vecinos para reforzar la alimentación y se permitirá a los jóvenes no llevar siempre uniforme. Ante la ausencia de profesores –la cobertura está en el 73% de la plantilla— se moverán docentes de otras provincias o se acudirá a estudiantes universitarios para que ofrezcan apoyo escolar, agregó Trujillo Barreto.
Aunque los apagones eran frecuentes en la isla, sumida desde hace un lustro en una profunda crisis económica, la caída en la calidad de vida se profundizó a partir del cerco petrolero impuesto por el presidente Donald Trump en enero para presionar por un cambio en el modelo político de Cuba.
FUENTE: AP