Hoy, 28 de julio de 2025, Colombia espera un fallo crucial en el proceso judicial contra Álvaro Uribe Vélez. Alzo mi voz en defensa de quien, como Presidente de la República, le devolvió la seguridad a millones de colombianos.
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SUSCRIBITEHoy, 28 de julio de 2025, Colombia espera un fallo crucial en el proceso judicial contra Álvaro Uribe Vélez. Alzo mi voz en defensa de quien, como Presidente de la República, le devolvió la seguridad a millones de colombianos.
Álvaro Uribe Vélez ha dedicado su vida al servicio público en Colombia, ejerciendo como:
* Presidente de Colombia: 2002-2010
* Senador de la Nación: 1986-1994 y 2014-2020
Pasamos las horas más eternas sin saber nada de él. Las noticias solo confirmaban lo que ya sabíamos desde la angustia más profunda: mi papá estaba en riesgo, en medio de las tomas guerrilleras. Tengo muy presente la brutalidad en Nariño y Granada, municipios del oriente antioqueño donde él se encontraba. Recuerdo con claridad la desesperación de escuchar las explosiones mientras acababan con los pueblos, secuestraban policías, retenían civiles y dejaban a su paso miedo, destrucción y un dolor incalculable.
La llegada de Álvaro Uribe Vélez a la Presidencia en 2002 marcó un antes y un después para el país. La seguridad volvió y el miedo dio paso a la tranquilidad. Esta transformación no fue un milagro; fue la voluntad política, decidida y valiente, de enfrentar el terrorismo que hoy muchos quieren minimizar y olvidar. Pero nosotros no olvidamos.
Lo que hoy presenciamos es para muchos una persecución judicial disfrazada, que juristas han calificado sin titubeos de "lawfare": la instrumentalización de la justicia para fines políticos. Se busca aniquilar políticamente a quien enfrentó sin miedo a los violentos. Las supuestas "mentiras" que intentan imponer, como que la opinión ciudadana presiona a la justicia, son falsas y buscan, en realidad, silenciar la verdad y la voz de millones.
Existen serias dudas sobre la imparcialidad de este proceso, especialmente por la cuestionable participación de Iván Cepeda, incluyendo visitas irregulares a testigos y supuestos beneficios entregados. Todo indica que esto no es justicia, sino una jugada política descarada para destruir a un contradictor y posicionar electoralmente a otros.
No escribo como fanática, sino como una colombiana que vivió la guerra y que se niega rotundamente a que se tergiverse la historia de quien nos devolvió la paz.
Uribe no está solo.
Porque la memoria no se borra,
y la verdad no se calla.
Escribo esto al amanecer del 28 de julio, y antes de la sentencia.
Que pase lo que pase, este fallo cambiará a Colombia para siempre.
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