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Mundo

OPINION | El buen uso de la palabra

Luchar al lado de quién desde el corazón también tiene la razón suele demandar muchos riesgos

americateve | Orlando Viera
Por Orlando Viera

Mucho se ha dicho y escrito sobre la manipulación del lenguaje [Dixit César Vidal], y como lo diría Camilo José Cela, del envilecimiento de la palabra con lo que se abusa del verbo y se corre el riesgo de desviar el estricto sentido de lo que se quiere decir. La diferencia entre un dictador y un demócrata es que el primero manipula sin sentir mientras el segundo dice lo que siente, honestamente...

Si alguna herramienta ha utilizado el comunismo como maniobra es la propaganda. Manejo que borra todo vestigio del pasado para imponer una ilusión, una utopía, una alucinación llamada igualdad absoluta [Dixit Popper]. Es la dialéctica que es populismo, que es miseria...

Una ficción hecha realidad: 1984

La corrupción de la política comienza con la corrupción del lenguaje. Ya lo sospechaba George Orwell en su obra 1984 y la rebelión en la granja. Crítica del escritor inglés al Reino Unido de corte socialista [1940] en el que vivía. Es el hombre convertido en rebaño, en manada, en tropel.

Orwell en 1984, detallaba los Ministerios del régimen: El Ministerio del Amor para asuntos de justicia, ley y orden; Ministerio de la Abundancia para lo económico; Ministerio de la Verdad para las noticias, educación y las bellas artes, y el Ministerio de la Paz para asuntos de Guerra. Así el amor terminó siendo violencia, la abundancia, escasez y confiscación; la verdad, propaganda y mentiras repetidas mil veces, y la paz se convirtió en tortura, tinieblas y muerte.

En Venezuela tenemos -por ejemplo- el Ministerio del Poder Popular de Agricultura Urbana; el Ministerio del Poder Popular para el Ecosocialismo o el Ministerio del Poder Popular para la Alimentación... Gallineros verticales, arco minero o cajas claps hablan de la gestión de cada despacho. Es la palabra al servicio del control insaciable y la intervención como un talismán "prestigioso" que se justifica un bien superior llamado “revolución”.

Del dicho al hecho...

Decía el poeta Antonio Machado: “Una cosa es tu verdad, otra es mi verdad. Mejor vamos juntos a buscar nuestra verdad”. En política es común decir: “marca la pauta”, “no te dejes engañar”, “para mi lo primero eres tú”. La propaganda invierte el orden anteponiendo lo sensacional sobre lo profundo, lo amarillo o rojo sobre lo azul. Quién marca la pauta en los modelos totalitarios es el estado inquisidor. Y quién termina siendo privilegiado, es el dictador [ver Charles Chaplin: El gran dictador/1940].

El escritor inglés, artista y reformista John Ruskin, sentenció: “El que posee la verdad en su corazón no debe temer jamás que a su lengua le falte fuerza de persuasión”. Y agregaba: «Es difícil encontrar en el mundo algo que el hombre no pueda hacer un poco peor y venderlo un poco más barato, y aquellos que solo consideren el precio se volverán presas legítimas de este hombre» En otras palabras, la verdad es más elocuente en quien la exhibe silenciosamente que quien la vocifera, trepidantemente.

Muchos queremos tener la verdad de nuestra parte, pero muy pocos queremos estar de parte de la verdad [Vitelli]. Luchar al lado de quién desde el corazón también tiene la razón suele demandar muchos riesgos. El compromiso es asumir [los riesgos] y no dejarse manipular por los “hervidores de cabeza”. Sartori advertía que, en materia de política de masas y democracia, “decir la verdad es una necesidad, y cuando más se manipula el lenguaje en la democracia mayor es su deterioro y riesgo de desaparición”. Y desapareció la nuestra.

Libertad, verdad y responsabilidad son tres conceptos inseparables, clásicos. Lo nuevo, lo reciente, lo actual no puede convertirse en un valor de desplazamiento del pasado. El concepto de futuro se ha convertido en un anatema de lo clásico que liquida la cultura, la tradición. “Un fardo pesado que no promociona la vida, sino que la bloquea”, muy propio de la manipulación del lenguaje. Refresquemos el buen uso de la palabra.

FUENTE: Orlando Viera Blanco (Embajador de Venezuela en Canadá)

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Por Orlando Viera

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