¿Por qué los americanos pagarán de más por los autos antiguos de Cuba?
Permitirían que automóviles clásicos en Cuba regresen a Estados Unidos después de tanto tiempo.
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Associated Press
Cuando Fidel Castro llegó al poder en 1959, para cualquier persona se hizo ilegal la importación de automóviles sin permiso del gobierno. El mandato congeló la historia del automóvil en la isla, y Chevys, Studebaker, y Buick de mediados de siglo todavía retumban Malecón abajo en La Habana, tanto como lo hicieron hace más de medio siglo. Ahora, con la flexibilización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, algunos de los casi 60.000 autos antiguos que ruedan en Cuba podrían finalmente hacer su camino en manos de coleccionistas en Estados Unidos.
Cuba suavizó algunas restricciones al comercio de automóviles a principios de este año, permitiendo que vehículos nuevos puedan venderse y comprarse en la isla. El levantamiento del embargo comercial de Estados Unidos, una decisión que debe ser hecha por el Congreso, no por el presidente Barack Obama, permitiría que automóviles clásicos en Cuba regresen a Estados Unidos después de tanto tiempo.
Piezas de la historia
Si eso sucede, los compradores no serán coleccionistas tradicionales, que buscan bajo kilometraje y automóviles en condiciones prístinas. Por un lado, la restricción de Castro sobre las importaciones de automóviles detuvo el flujo de piezas de repuesto al país, así que mientras un Cadillac convertible en Cuba puede parecer auténtico a primera vista, una mirada más cercana revela cientos de miles de kilómetros en el odómetro y un grupo de arreglos improvisados, quizás incluso (¡oh!) un motor diesel Peugeot bajo el capó. Dicho esto, los expertos anticipan un nicho de mercado de compradores dispuestos a pagar una prima alta para poseer una pieza de la historia de Cuba.
Mientras que para algunos propietarios de automóviles cubanos salta indudablemente la oportunidad de hacer dinero rápido mediante la venta de sus mastodontes americanos, Hagerty no espera una avalancha de autos saliendo de la isla. "Estos carros son parte de su cultura", dice. "Ellos son parte integral de la imagen de lo que son, por lo que sería difícil imaginar que todos [los autos] desaparecieran".
Para los coleccionistas de carros acérrimos, la perspectiva de una Cuba abierta mantiene la intriga de la rareza, el hallazgo de una joya averiada o abandonada por un dueño, que no contaba con los medios económicos o el ingenio para arreglarla. "Soy de la creencia de que hay algo por descubrir allí", dice Rick Drewry, especialista en reclamos de autos de colección de American Modern Insurance Group. "Algunas personas van a estar a la caza de los diamantes en bruto".
Esos míticos diamantes en bruto no serán viejos Ford -o ninguno otro de fabricación estadounidense- sino Mercedes, Ferraris y Maseratis que compitieron en el Grand Prix de Cuba en los años 50. Un fotógrafo que recorría recientemente la isla, descubrió un Mercedes-Benz 300 SL, Ala de Gaviota -piezas que alcanzan más de $1 millón de dólares en subastas- oxidado debajo de una mata de plátano. Hagerty descarta que el descubrimiento como un hecho aislado. "Confía en mí", dice, "eso es nada más que buscar. Pero lo mejor que puedo decir, es que la mayoría de los autos que corrieron allí salieron del país en el momento de la revolución".