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29 de septiembre de 2022
huracán

Al descubierto la crisis de acceso a alimentos tras el Huracán Fiona

Organizaciones alertan que crecen la necesidad y el hambre en la Isla

29 de septiembre de 2022 - 11:30

CAGUAS – Durante más de una semana, María Montañez tuvo que racionar la poca comida enlatada que tenía en su apartamento en la égida Jardín de las Catalinas. Su hermano quedó incomunicado por un derrumbe y su otro familiar más cercano sufrió grandes pérdidas, por lo que tampoco pudo auxiliarla.

La poca comida caliente que consumió la mujer de 72 años fue gracias a otra de las residentes de la égida, Ana Collazo, quien tenía una pequeña estufa, y un vecino del edificio, apodado Quijote, quien cocinó de lo poco que tenía para los cientos de residentes del complejo de seis pisos.

“Estaba bien preocupada. Soy diabética y tengo que comer a ciertas horas y había perdido todo lo de la nevera, ya que estuvimos más de una semana sin luz. Fue terrible”, comentó Montañez, quien ayer fue una de las 200 personas que llegó al Centro de Apoyo Mutuo de la organización Comedores Sociales de Puerto Rico para buscar una compra de emergencia.

“Ahora, con esta zanahoria que conseguí aquí, como tres veces”, manifestó la mujer tras guardar los víveres en el automóvil de su amiga.

Collazo, de 72 años, también cargó su compra, la cual colocó en un pequeño carrito para llevarlo hasta el vehículo, el cual estacionó a unas calles del centro ubicado en el casco urbano cagüeño.

“Hasta donde llegó la compra yo cociné y nos ayudamos, pero en la égida hay muchas personas con necesidad que no pueden llegar aquí porque están encamadas y no tienen quién los lleve a comprar más comida”, destacó Collazo, quien señaló, además, que muchos de los residentes confrontaron problemas para alimentarse, ya que ante la falta de energía, no podían usar sus estufas eléctricas.

Otra persona que madrugó para aprovechar la iniciativa fue Yanira García, de 48 años y a quien el prolongado apagón le estropeó todos los alimentos de su nevera, además de causarle daños leves a su hogar.

“La poca comida que me quedó fueron potes, pero soy paciente de cáncer y tengo que cuidarme. Esta compra me ayuda mucho, aunque estoy algo decaída porque en la comunidad donde vivo hay mucha necesidad. Es triste porque esto (Fiona) fue un desastre con todo y que fue menos intenso que (el huracán) María”, narró García Hernández.

De manera similar se expresó María Hernández, cuya residencia en el sector Pedro Hernández Cotto en la colindancia entre Caguas y Cidra se vio amenazada por un derrumbe que casi llegó a las ventanas.

“A mí se me dañaron hasta las calabazas. Tengo comida enlatada, pero no es gran cosa. Cualquier ayuda extra (es bienvenida) porque vivo sola y solo tengo el Seguro Social y no sé si tenga para comprar comida, ya que tengo que buscar a alguien y pagarle para que saquen la tierra del derrumbe, pero mientras tanto tengo que resolver lo de la comida”, sentenció Hernández.

Para Giovanni Roberto Cáez, portavoz de Comedores Sociales, estos testimonios son un reflejo de la crisis de acceso a alimentos que se vive en Puerto Rico desde antes del paso del huracán Fiona, a consecuencia de varios factores como la inflación, el disloque en la cadena de alimentos provocado por el conflicto bélico en Ucrania y los constantes apagones masivos que dañaron alimentos y enseres eléctricos como neveras, estufas y hornos de microondas.

“Precisamente, antes de Fiona, estábamos montando un proyecto para crear un supermercado de pueblo abastecido por un almacén solidario que, eventualmente, se convirtió en estas compras gratuitas. No estábamos completamente preparados, pero estábamos pensando que la crisis iba a aumentar”, explicó el líder comunitario.

Como parte de los preparativos, la entidad estaba en proceso de llegar a repartir 100 compras mensuales dentro de la población que sirve, en su mayoría adultos mayores, durante los próximos tres meses. Sin embargo, ante la necesidad causada por Fiona, la organización ahora reparte 200 compras semanales.

“La situación se agravó significativamente, pero los donativos llegaron y permiten hacer este trabajo durante un mes, quizás más. El pasado sábado se suponía que íbamos a repartir compras de nueve de la mañana a cuatro de la tarde, pero ya a las 12:30 p.m. no había. No pensé que iba a ser así”, abundó Roberto Cáez.

La situación ha sido similar para la Fondita de Jesús en Santurce donde de 500 platos diarios que usualmente servían, ahora brindan comida caliente a cerca de 2,000 personas y la necesidad, según su director ejecutivo, Josué Maysonet Colón, “sigue en aumento”.

“La inestabilidad en el sistema energético aumentó la necesidad y el hambre. ¿Por qué? Las compras que hicieron las personas las perdieron y el sistema inestable dañó y le continúa dañando los enseres y los dejaban en situaciones apremiantes, en ocasiones sin nada”, sentenció Maysonet Colón.

Similar a Comedores Sociales, la Fondita de Jesús estaba preparada para la temporada de huracanes, lo que le ha permitido también llevar alimentos a diversas comunidades como un área en Sabana Seca, en Toa Baja, donde viven 125 familias, la mayoría adultos mayores y encamados. Allí la inundación alcanzó los seis pies.

“La situación con los niños y los adultos mayores es bien triste. Hay muchos que se acuestan sin comer. Las organizaciones hemos asumido el costo de salir a la calle y ayudar, pero esto ha sido algo drástico. Cada semana desde que comenzó el huracán han llegado miles de personas a diario y nos llegan muchas peticiones de ayuda que quisiéramos atender, pero no nos dan los recursos”, agregó el directivo.

A juicio de Maysonet Colón, el gobierno, el sector privado y las organizaciones sin fines de lucro deben comenzar a coordinar esfuerzos y planificar una mejor ayuda, ya que hay entidades que están impactando las mismas comunidades y dejando otras desprovistas de apoyo.

“Por ejemplo, tienen la situación con la agricultura. Si hubiera un plan para este tipo de situación se conseguía la mano de obra, el gobierno compraba los productos a los agricultores y esta comida llegaba a las organizaciones que están llevando platos calientes a los más necesitados. Sin embargo, ahora mismo para que esto ocurra, tienen que sentarse a hablar varias semanas y en ese tiempo los productos ya se dañaron”, opinó.

El directivo recordó, también, que los factores externos como la inflación económica y los problemas de distribución de alimentos continuarán, por lo que, a su juicio, los problemas de acceso a alimentos en Puerto Rico se extenderán más allá de la emergencia provocada por Fiona.

FUENTE: elvocero.com

29 de septiembre de 2022 - 11:30

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