Puerto Rico 05 febrero 2018

Por el libro dispensarios de cannabis

Al 19 de enero, Salud tenía registrados 16,376 pacientes de cannabis medicinal, cuya edad promedio es de 52 años. Las condiciones con más usuarios son ansiedad, dolor crónico, artritis, espasmos musculares y cáncer.

El proceso es riguroso, estricto, y ni en un solo instante, en ninguno de los tres intentos, pareció dar siquiera muestras de que podría flaquear o alterarse. Esa fue la realidad que encontró Primera Hora cuando se acercó, sin portar identificación de prensa y figurando como un ciudadano común, a varias de la recién abiertas clínicas de cannabis medicinal.

Lo vivido contrasta con las alegaciones que llevaron al Senado a emitir una resolución en la que ordena una investigación para verificar presuntas prácticas contrarias a lo dispuesto en la ley que regula la industria del cannabis medicinal y sus dispensarios.

En nuestra experiencia, siempre hubo un guardia de seguridad de por medio, siempre se pidió identificación, tanto la regular como la especial del Departamento de Salud (DS). Y en ningún caso se pudo pasar más allá de la primera puerta.

“Buenos días. Por favor, me muestra su identificación”, dijo el guardia de seguridad en las afueras del establecimiento.

Le entregué mi licencia de conducir.

“¿Y tiene la tarjeta de paciente?”, preguntó acto seguido.

“No, no sé de qué me habla”, contesté.

“La tarjeta de paciente del Departamento de Salud. Sin eso aquí no va a poder hacer nada”, aseveró.

Expliqué que estaba interesado en los productos del negocio y que no tenía conocimiento de cómo funcionaba el asunto para poder adquirirlos.

“Ah, ya, usted viene para orientarse”.

Tocó un timbre, le abrieron la puerta y me pidió le siguiera. Una vez adentro, me indicó que estirara mis brazos y abriera un poco las piernas para revisarme con uno de esos aparatos de detectar armas y metales. Culminado el proceso se dirigió a una joven en el mostrador y le dijo que venía para recibir orientación.

En el salón de espera no había vitrinas ni se mostraba o anunciaba producto alguno. Solo estaba el mostrador y un par de sillas.

Otro empleado, también joven, salió al mostrador y comenzaron a atenderme. Del saque me explicaron que tendría que adquirir la tarjeta que emite salud.

“Necesita la certificación de su médico sobre su condición. Tiene que ser una condición que cualifique, no cualquiera. No, la tarjeta no la da cualquiera, la da el Departamento de Salud, con médicos autorizados por ellos. Aquí no lo hacemos, aquí solo atendemos a los pacientes. Mire, se puede comunicar a este número, para que ahí le ayuden con el proceso. Si quiere, aquí en la clínica, habrá una orientación el domingo”.

¿Hay otra manera de sacarla?

“No señor, no hay otra manera. Sin esa tarjeta autorizándolo aquí no podemos hacer más nada. No, no, ni se le ocurra, ni lo piense. Aquí no se le puede ofrecer nada, tiene que estar autorizado. Cuando tenga la tarjeta lo recibimos con mucho gusto y le hablamos sobre los productos y alternativas”.

Del local en la avenida Roosevelt en San Juan, el recorrido continuó en Cataño, donde el guardia de seguridad pareció todavía más estricto.

“No, no, no. Sin la tarjeta de paciente no lo puedo dejar entrar”, sentenció.

Se le indicó que no se conocía el proceso, llamó a un empleado, sin devolverme la licencia, cuyo número anotó junto a mi nombre en un listado de visitantes que me pidió luego firmar. Otra persona me repitió el asunto de que necesito la tarjeta.

“Necesita copia del récord médico, $50 (para trámites). Puede ir al edificio ILA en la avenida Kennedy, allí está la organización Free Juana y le pueden ayudar para encaminar el trámite con Salud”.

Otra vez dieron un rotundo no a la pregunta de si había alguna otra forma de obtener sus productos, que tampoco estaba en vitrinas ni a la vista.

“Cuando venga con su tarjeta le damos aquí la orientación de nuestra variedad de productos”, sostuvo.

En Bayamón, lo mismo. El guardia de seguridad, identificación, salón sin producto a la vista, aunque sí una pared con una interminable lista de, al menos, 20 permisos. Llamaron a un empleado para orientar. Otra vez repitieron lo de la tarjeta, etcétera.

Explicaron que el 22 de febrero, podría regresar, que estaría un equipo de médicos autorizados y, si mi condición aplicaba y traía copia del récord médico, podría iniciar el trámite del permiso par saber si lo aprobaba Salud, pero negaron cualquier posibilidad de ver sus productos.

R. del S. 583

El pasado 22 de enero, el presidente senatorial Thomas Rivera Schatz presentó la Resolución del Senado 583 para ordenar a la Comisión sobre Relaciones Federales, Políticas y Económicas investigar la aplicación, implementación y funcionamiento de la Ley 42-2017, conocida como la Ley para Manejar el Estudio, Desarrollo e Investigación del Cannabis para la Innovación, Normas Aplicables y Límites.

La R del S 583 expone que “a manera de ejemplo, hemos recibido información sobre dispensarios que se promocionan indicando que no requieren identificación; oferta de cupones de descuentos para obtener certificación médica para el uso del cannabis medicinal; y anuncios de portales de internet para la tramitación en línea de licencias para el uso del cannabis medicinal, entre otros”.

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