Puerto Rico 26 febrero 2018

Tuvo un mal presentimiento

Madre de una de las víctimas de la matanza en Comerío, sintió que algo no estaría bien con su hijo.

Su intuición de madre le advirtió que se aproximaba una tragedia, pero no pudo calcular su magnitud.

Ayer Daisy Serrano, madre de una de las cinco víctimas de la tercera masacre del 2018 reportada al filo de la medianoche del sábado en Comerío, presenció la dolorosa escena en la que su hijo Christian Javier Cruz Serrano (27), perdió la vida tras ser baleado por sicarios armados con rifles y pistolas.

Su hijo estaba acompañado por la esposa, que resultó ilesa; y por la pareja compuesta por Nahir Zoé Rolón del Toro (26) y su esposo Luis A. Torres Morales (27), ambos residentes de la calle Principal de Naranjito, que también fallecieron en la balacera y dejaron huérfanos a tres menores.

A las dos parejas les unía una estrecha amistad y hasta sus hijos mayores estudiaban en la misma escuela.

Además, en el intenso tiroteo, registrado frente al negocio La Parada del Sonero en la calle Luis Muñoz Rivera, fueron ejecutados Raymond J. Rivera Collazo (26), a quien le ocuparon un revólver de calibre .38 cargado, y Ángel L. Santiago Díaz (34), alias Indio. Ambos eran residentes en Comerío. En el incidente, resultó herido de bala un joven de 17 años, quien en ese momento llegaba a llevarle comida a su progenitora, que es empleada del negocio.

“Entendemos que a base de las entrevistas y de inteligencia, el móvil es por el trasiego de drogas”, afirmó el comisionado auxiliar de Investigación Criminal, el teniente coronel José Rosario Polanco, quien no reveló quién era el objetivo de los pistoleros ya que, a pesar de que una de las víctimas fue objeto de amenazas, tienen que validar esa información.

Dos días antes que la desgracia tocara a su puerta, Serrano contó que no solo ella, sino que su nieta e hija de Cruz Serrano, de ocho años, comenzaron a experimentar ansiedad como si se tratara de una premonición.

“La nena llevaba estos días (diciendo): ‘mi papá, ¿dónde está mi papá?, préstame el teléfono que voy a llamar a mi papá’; es como si ella sintiera que le iba a pasar algo a su papá… Yo lo presentía porque ayer (sábado) como que todo el tiempo sentía como si hubiese habido un revolú, hasta en el trabajo, era como una ansiedad, pero jamás me iba a imaginar que era algo así… yo le dije que se recogiera temprano porque la calle estaba mala y las cosas no estaban fáciles”, recordó con resignación la mujer.

La última vez que tuvo contacto con su hijo fue el sábado por la tarde en Naranjito cuando él le llevó un pincho y una piña colada. Luego le dijo que iba para su residencia y después por la noche daría “una vuelta y que se iba temprano”.

Serrano dijo que se enteró del crimen cuando recibió una llamada de su nuera.

“Llama gritando que llegara, porque habían matado a Christian; ahí yo me volví loca, me desesperé y arrancamos hacia acá (lugar de los hechos)”, contó.

Según narró, después del paso del huracán María, Cruz Serrano se había mudado con su pareja y su hija a vivir en la residencia de su padre en Comerío. No fue hasta hace solo dos días que habían regresado a Naranjito.

Al preguntarle si su hijo fue una víctima inocente, Serrano expresó que desconoce si estaba involucrado en “situaciones negativas”. Lo describió como muy trabajador.

El occiso era empleado de una fábrica de puertas y ventanas en Toa Baja.

En el vehículo de Cruz Serrano, marca Kia Rio, color gris, se ocupó una pistola Glock, de calibre .40, cargada con 15 balas, la cual no figura registrada.

“Yo no te puedo decir que él estaba envuelto en algo, porque los hijos contigo son una cosa y a veces, cuando tú no estás, tú no sabes lo que está haciendo. Pero sí te puedo decir que Christian era bien trabajador, él trabajaba los 7 días y el día, que si no tenía trabajo se desesperaba buscando qué hacer”, afirmó.

Más vigilancia

El comisionado interino de la Policía, Henry Escalera Rivera, sostuvo que se impartieron instrucciones para incrementar la vigilancia no solo en Comerío sino en Naranjito y Bayamón, ante la posibilidad de que se desaten más asesinatos.

“La mayoría de estos asesinatos son por acecho, rencillas y la prevención es sumamente difícil”, sostuvo Escalera Rivera al ser cuestionado en torno a la efectividad de los planes anticrimen en momentos en que hay un alza vertiginosa en la incidencia de asesinatos.

En el municipio hay un código de seguridad vigente hasta la medianoche y el negocio donde ocurrieron los sangrientos hechos tenía permiso para operar hasta las 2:00 a.m.

En la escena y en otros dos lugares donde supuestamente se detuvieron los gatilleros en acto de celebración, se ocupó como evidencia un centenar de casquillos de calibre .40, 9 milímetros y de rifles AR-15 y AK-47.

En lo que va de año, han ocurrido seis asesinatos en Comerío mientras que en todo el 2017 se reportaron tres.

Consternación e incredulidad

Naranjito estaba ayer conmocionado por el asesinato de tres jóvenes de ese pueblo, en medio de una balacera que cobró la vida de cinco personas en Comerío.

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Según los reportes de la masacre, Rolón del Toro, su esposo y Cruz Serrano eran todos residentes de ese pueblo.

“Esta mañana lo supe. Voy a misa y ahí me dicen que mataron a la vecina, al esposo y a otro muchacho más, que también lo conocía. Era un buen ser humano”, lamentó una mujer residente en el pueblo de Naranjito que prefirió no identificarse.

“No sé por qué hicieron esto. Ella tenía tres nenes. Los gemelitos y la nena de un año. Yo no esperaba algo así. Acabando de hablar con ellos (la pareja) anoche. Estaban de lo más bien. Ese matrimonio es lo mejor que hemos tenido de vecinos”, agregó la mujer con voz entrecortada.

Una amiga de la joven asesinada, apenas alcanzó a decir unas palabras entre sollozos. “Me enteré por Facebook, por la madrugada. No tengo palabras para decirte, no estoy bien”.

Mientras en el barrio Achiote, donde la familia de la joven vivió por un tiempo, también permanecían incrédulos ante lo ocurrido.

“Ellos no tenían problemas aquí ni nada. Todo el mundo aquí está sorprendido. No nos esperábamos una cosa así. Una muchacha tan joven”, lamentó Marilú Rosado.

“Nos sorprendimos, porque la muchacha siempre estaba con su mamá, sus hijos y su papá, y un hermano que tiene”, agregó Rosado”.

Osman Pérez Méndez colaboró en esta historia.

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